Hugo Berríos S.*
Un grupo, cada vez más reducido, de diputados y amigos “liberales” del ex presidente Alemán acusan al presidente Bolaños de que su lucha contra la corrupción es “un circo que ya tiene cansada a la población” y “una cacería de brujas” contra Alemán y los funcionarios de su administración, y defienden esta acusación preguntando ¿por qué el presidente Bolaños no investiga la corrupción en los gobiernos de la ex presidenta Chamorro y de los sandinistas, y sólo se concentra en la administración Alemán?
La respuesta es simple: El presidente Bolaños recibió las instituciones y empresas del Estado para ser administradas, de nadie más que precisamente de la administración Alemán y las acusaciones de fraude al Estado contra estos funcionarios obedecen en principio simple y llanamente a un acto meramente legal y administrativo, ya que los nuevos administradores del Estado deben recibir —de sus antecesores—cuentas claras y de verificar que lo que reciben está en orden y cualquier irregularidad que detecten están obligados a denunciarla a las instancias legales para su investigación y así no sólo deslindar responsabilidades sino también cumplir con la Ley. De lo contrario, o sea de quedarse callados, se convertirían en encubridores y cómplices, y claro está que nadie —en esta nueva administración—quiere “cargar con un muerto ajeno”.
También preguntan —con la clara intención de descalificar al Pte. Bolaños— ¿por qué éste, mientras fue Vicepresidente de la República nunca denunció estos actos de corrupción? La respuesta es simple: ¡porque no tenía las pruebas! ¿Qué ministro o titular de cualquier institución o empresa estatal, en la pasada administración, le hubiese permitido al Ing. Bolaños tener acceso a archivos para buscar las pruebas que sustentasen cualquier denuncia contra ellos mismos? Y aunque presidiera la Comisión de Integridad no podía, tampoco, asumir la responsabilidad de la Procuraduría de Justicia ni de la Contraloría General de la República, ni estas instancias se lo hubiesen permitido, aunque las mismas nunca se sintieron ofendidas por la corrupción ni obligadas a investigarla.
¿Quién, con cuatro dedos de frente y siendo Vicepresidente de la República, se hubiese expuesto a denunciar a un funcionario de su mismo gobierno sin tener las pruebas? Inmediatamente la maquinaria oficialista lo hubiese descalificado, desacreditado, acusado ante los tribunales de justicia por “injurias y calumnias”, ¡condenado y arruinado!
Entonces, afirmar que las investigaciones sobre los actos de corrupción en la Admon. Alemán son una “cacería de brujas” constituye una defensa muy tonta y eso de que es un “circo que tiene cansada a la población”, es un insulto a la inteligencia de nuestro pueblo y un desprecio por la voluntad del mismo, ya que la población está consciente de que la pobreza que se vive en Nicaragua se debe, en gran parte, a esa corrupción que el pueblo demandó que se combatiera y que hoy se castiga. Los nicaragüenses sentimos que los destinos de esta nación están cambiando para bien del pueblo que es donde reside, y nunca lo olvidemos la soberanía nacional.
Señor Presidente, el pueblo lo apoya. ¡Continúe su obra de darle al pueblo lo que ha pedido y de devolverle lo que ha perdido!
* El autor es miembro del PLC