Eduardo Enrí[email protected]
Desde que tengo uso de razón vengo oyendo que este país “está en crisis”. Y es cierto, porque aunque crisis es un cambio brusco, para nosotros, es un estado natural. Vivimos en una crisis latente.
La pobreza es la base para ese estado, al que contribuyen otros factores, como el desempleo, la deuda externa —y ahora interna—, la corrupción, los bajos precios internacionales de nuestros productos, el alto precio del petróleo y otro cúmulo de cosas que nos mantienen así.
Nuestros políticos, que si usaran sus habilidades para manejar bien los asuntos de la ciudadanía, nos tendrían ya en otro nivel, más bien han aprendido a “manejar” ese estado para favorecer sus intereses. Para mantener su status quo.
Para ellos es útil que siempre haya gente con hambre, gente sin empleo, o peor aún, en peligro de perder su empleo, que siempre haya transportistas en peligro de perder sus beneficios, o productores en peligro de perder sus fincas.
Ellos le son siempre útiles a los políticos. Así sucedió a inicios de los 90, cuando los sandinistas le montaban una asonada en cuestión de horas a la Presidenta Violeta Chamorro. O a mediados de esa década, cuando el presidente Arnoldo Alemán asumió la presidencia pensando que gobernaría solo.
Pero ese recurso de “manejar la crisis” no es exclusivo de los sandinistas. Alemán aprendió la técnica muy bien y hasta le sacó provecho. Las presiones de los sandinistas le sirvieron para plantearle a Daniel Ortega una política de “comé y comamos” que es en lo que se resume el Pacto y que no dejó ni migajas al resto, que es la mayoría.
Hoy, es de nuevo el momento de echar mano de esa crisis latente para convertirla, con una chispita, en una crisis activa. Los liberales “arnoldistas”, arrinconados por una lucha contra la corrupción y por el intento de los “bolañistas” por arrebatarles el control del Partido Liberal Constitucionalista, saben que ha llegado la hora de hacer realidad lo que han venido anunciando desde hace meses.
Y sus socios los sandinistas están siempre dispuestos a echarles una “manita”, pues ese status quo que les ha dado el Pacto hay que mantenerlo a toda costa, al menos hasta que Daniel Ortega vuelva a ser presidente.
Pero volviendo a los “arnoldistas”, es fácil demostrar que “el país no arranca” y “que vamos hacia el abismo” porque este país no ha arrancado nunca y ha estado siempre en el fondo del abismo.
Así es sencillo demostrar “la incapacidad” de cualquier gobierno. Sólo basta agitar un poco los ánimos de los campesinos hambrientos del Tuma–La Dalia, que están así en gran parte por la quiebra de bancos como el Banic y el Interbank. O insolentar un poco a los cafetaleros, que no es de hoy, ni de hace seis meses que están “en crisis”.
O señalar la falta de medicinas en los hospitales y Centros de Salud, sobre todo cuando se sabe que en un acto de voracidad incalificable, hasta de medicinas saquearon al Ministerio de Salud en los últimos meses del gobierno anterior.
Y de ahí a tildar de incapaz a un gobierno y demostrar la necesidad de una Constituyente que dé “un golpe de timón” no hay mucha distancia. Todo está en que caigamos en la trampa, en pensar que quienes nos ofrecen sacarnos del “abismo”, son precisamente quienes nos han mantenido en él.