Marilyn Zak
En su calidad de socios del Gobierno de Nicaragua, el Gobierno de los Estados Unidos y el Programa Mundial de Alimentos están dedicados a proporcionar alimentos nutritivos y seguros para las familias nicaragüenses necesitadas. Es nuestra política que los programas de ayuda alimentaria utilicen los mismos alimentos que se consumen en los Estados Unidos y que cumplan con las más altas normas internacionales de seguridad y calidad. Ese mismo nivel de calidad es el que utilizamos para desarrollar semillas más productivas para los agricultores nicaragüenses.
Un principio fundamental que guía nuestros proyectos es que el pueblo nicaragüense debe determinar su futuro a través del debate público fundado. Actualmente, Nicaragua enfrenta el debate sobre los cultivos genéticamente modificados o transgénicos. Éste se centra en dos inquietudes, la seguridad de los alimentos genéticamente modificados, y en el papel de la tecnología moderna en la agricultura. El debate público debe basarse en información científica y la experiencia de otros países.
¿Son seguros los alimentos genéticamente modificados? Durante el presente año, el Gobierno de los Estados Unidos otorgará más de US$10 millones en asistencia alimentaria para beneficiar a más de 44,000 familias nicaragüenses. Además, el Programa Mundial de Alimentos otorga asistencia para beneficiar a 90,000 familias adicionales. El Gobierno de los Estados Unidos y el PMA conjuntamente proporcionan alimentos a centenas de millones de personas en el mundo. El Gobierno de EE.UU. aporta más de la mitad de los alimentos que utiliza el PMA. Estos alimentos son los mismos que 282 millones de norteamericanos consumen a diario. El 80 por ciento de todos los alimentos procesados en EE.UU. tiene el potencial de contener algún tipo de productos genéticamente modificados, sobre todo productos que contienen maíz, soya o canola. Estos productos han sido analizados y autorizados para el consumo humano en los Estados Unidos por el Departamento de Agricultura (USDA), la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y la Agencia para la Administración de Alimentos y Medicinas (FDA). Productos alimenticios genéticamente modificados han sido analizados y autorizados para su consumo humano por distintos gobiernos, tales como Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, la Unión Europea, India, Japón, México, Rusia, Sudáfrica, Corea del Sur y Uruguay.
La ayuda alimentaria debe ser una medida temporal. Nuestro objetivo es que los nicaragüenses tengan los ingresos suficientes que les permitan adquirir sus propios alimentos, de modo que la ayuda alimentaria no sea necesaria.
¿Qué tecnología es la mejor para Nicaragua? A pesar de que fue considerada como el “granero de Centroamérica” durante los setenta, los agricultores nicaragüenses actualmente tienen uno de los niveles de productividad más bajos de Latinoamérica. Según datos de la FAO de 1999, en Nicaragua el nivel promedio nacional de producción de maíz es de 18 quintales por manzana. Con tecnología moderna, Chile obtiene 154 quintales por manzana, y EE.UU. 142. La falta de acceso de tecnologías modernas ocasiona bajos rendimientos, bajos ingresos y pobreza. Para mejorar la competitividad, los agricultores nicaragüenses deben tener acceso a la misma tecnología que los demás agricultores del resto del mundo.
Desde 1998, USAID y el Gobierno de Nicaragua ejecutan el Proyecto Promesa que apoya el desarrollo de variedades de semillas mejoradas, demuestra sus ventajas a los agricultores, y auspicia seminarios sobre políticas de semillas. Promesa también trabaja con la Dirección de Semillas del Mag-For para ejecutar políticas orientadas a incrementar el ingreso del productor, proteger el medio ambiente y abastecer las necesidades alimenticias del pueblo nicaragüense. El proyecto también contempla apoyar al gobierno a establecer una Comisión de Bioseguridad que utilice el conocimiento científico nacional e internacional para determinar qué tecnologías son apropiadas para Nicaragua. Dado que dicha Comisión no se encuentra en funcionamiento, Promesa sólo promueve semillas híbridas y variedades mejoradas de polinización abierta, debidamente aprobadas por el gobierno. El proyecto no ha experimentado, no experimenta, ni experimentará con semillas genéticamente modificadas sin la aprobación del gobierno nicaragüense.
Con el apoyo de Promesa, los agricultores nicaragüenses han triplicado la producción de semillas, reduciendo la necesidad de importarlas. Compañías nicaragüenses de semillas actualmente exportan semillas de frijol rojo a Guatemala y frijol negro a Costa Rica. Los agricultores de maíz han cuadruplicado sus cosechas utilizando semillas mejoradas. Mejoramientos en la productividad se traducen en mayores ingresos al productor, menores precios al consumidor y reducción de pobreza.
Los pobres, que gastan la mayor parte de sus ingresos en alimentos, resultarían los más beneficiados.
La adopción de tecnologías sostenibles conlleva otras ventajas. El incremento de los rendimientos por manzana contribuye a frenar el avance de la frontera agrícola hacia laderas y áreas forestales de ecosistemas frágiles, reduciendo la deforestación, la erosión de los suelos, y conservando la biodiversidad. Las semillas genéticamente mejoradas pueden, además, reducir la necesidad de utilizar fertilizantes químicos y pesticidas. Las perspectivas de adelantos en lograr cultivos resistentes a la sequía pueden ser especialmente importantes para agricultores pobres que no cuentan con sistemas de irrigación.
En momentos que el hemisferio se prepara para el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), la ciudadanía nicaragüense debe debatir los temas relacionados con la seguridad de los alimentos y la tecnología agrícola. Los proyectos del Gobierno de los Estados Unidos apoyarán a los agricultores nicaragüenses, a los consumidores y al gobierno a conducir este debate considerando hechos científicos, y no basados en temores infundados. Animamos al pueblo nicaragüense a escoger los alimentos y las tecnologías que permitan el mejoramiento de los ingresos, la salud y el bienestar de todos los ciudadanos.
La autora es directora de la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (USAID), en Nicaragua.