El mensaje de Novak y el rol del Estado

Juan Bosco Cuadra

He leído los artículos sobre Michael Novak escritos por el Dr. Humberto Belli, ex ministro de Educación y no dudo que las ideas que éste quiere hacer resaltar son de sumo interés para promover el desarrollo económico que tanto necesita Nicaragua. Pero creo que las soluciones no pueden provenir de esta única fuente, a saber, la empresa privada. Y más cuando las condiciones y las circunstancias no favorecen este tipo de promoción. Me refiero especialmente a las condiciones de extrema pobreza que existen en la mayor parte de la población como a las circunstancias sociales, jurídicas y políticas tan variables y accidentadas de nuestra sociedad.

Si bien es cierto que el tema de la pobreza de nuestros pueblos solamente ha sido encarado desde la óptica de la distribución de la riqueza y desde la eficiencia gubernamental, el manejo de ambas concepciones no debería hacernos perder de vista la profunda verdad que llevan. Que no se haya logrado los objetivos propuestos, eso es otra cosa…

La caída del comunismo a nivel mundial creó una apatía colectiva y una especie de seudo persecución hacia todo lo que olía a Estado. Se habló en aquellos tiempos, hasta la saciedad, de disminuir el aparato estatal a su mínima expresión hasta volverlo una entidad facilitadora, promotora y hasta impulsora de la iniciativa privada. Todos apuntamos en esta dirección creyendo que era el verdadero camino para resolver nuestros problemas. Sin embargo, en la actualidad, creo que ya nos estamos empezando a dar cuenta de la importancia que tiene el poder del Estado para preparar el camino y las metas para el desarrollo, a pesar que se han hecho muchos intentos en el pasado acudiendo a ideologías de tipo político o de políticas económicas internacionales.

El Dr. Belli y el señor Novak parece que olvidan las verdaderas causas del porqué en estos países no pueden surgir personas como el señor Monaghan, fundador del complejo de restaurantes Dominos Pizza, sencillamente porque no existen ni las condiciones ni las circunstancias para fomentar y promover este tipo de campeones del mercado, por las causas anteriormente mencionadas.

Un funcionario estatal, por ejemplo, si tiene verdadera conciencia de su responsabilidad tanto moral como profesional, cumplirá una misión sagrada como verdadero servidor público. Es que, a fin de cuentas, el problema se encuentra principalmente en la “moralización” y la profesionalización de toda la sociedad, empezando por el Estado. Esto, por supuesto, iría en contra de la corrupción y de la incompetencia, los dos verdaderos azotes de nuestros pueblos.

En la filosofía política de H. Bergson se habla mucho de dos tipos de sociedades, una dinámica y otra estática. A la dinámica le corresponde la sociedad civil como motor y generadora del progreso. A la estática, la función del Estado, como regulador, fiscalizador y promotor de la misma. En este sentido, hay que tener en cuenta que la función del Estado es también de subsidiador, especialmente de los más débiles y pobres de la sociedad.

Ahora bien, y expuesta así la cuestión, prescindir de una de ellas, y en este caso, del Estado, es desnaturalizarlo. Y tal parece ser la conclusión que sacamos de la mentalidad del señor Novak comentado por el Dr. Belli.

Es más, en las naciones pobres como las nuestras, el Estado tiene una misión sagrada con respecto a las grandes mayorías que se encuentran en estado de suma pobreza. Además, está archicomprobado que después de las iglesias de distintas denominaciones, es la institución con mayor capacidad e influencia de moralización o inmoralización de toda la sociedad.

A como decía Confucio, que cuando el Príncipe era virtuoso, el pueblo se volvía virtuoso.

El autor es asesor general del MECD y catedrático de la Universidad Thomas Moore.  

Editorial
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