María José Zamora
Como lamentables y fuera de lugar considero, desde mi humilde perspectiva, las declaraciones y actitudes que de un tiempo a esta parte han dispensado algunos miembros de la Iglesia Católica. El tácito apoyo al ex presidente de Nicaragua, Dr. Arnoldo Alemán, en momentos en los cuales éste ha sido señalado de liderar actos de corrupción, no puede menos que recordarme el triste papel que jugaron algunos sacerdotes en los años ochenta. Esos sacerdotes también creyeron que apoyando al gobierno sandinista, estaban obrando a favor y en beneficio de Nicaragua. Sin embargo, el error de ellos fue alejarse del corazón del pueblo y no escuchar sus reclamos. El padre Miguel D’Escoto, por ejemplo, ni siquiera fue capaz de atender el llamado de una niña que estaba siendo abusada por “el hombre” de ese entonces. Y lo más trágico es que esa niña, ahora una mujer, todavía sigue esperando que se le haga justicia.
Como parte del pueblo católico nicaragüense, expreso mi desacuerdo con aquellos líderes de mi Iglesia que pretendan desvirtuar la lucha contra la corrupción que el nuevo gobierno ha iniciado. No es mi intención decirle a nuestros guías religiosos cómo deben de pensar o sentir; pero sí me atrevo a sugerirles un poco de reflexión antes de emitir juicios públicamente; porque decir, por ejemplo, que el Dr. Arnoldo Alemán es humilde, como aseguró Monseñor Bosco Vivas, cuando día a día somos testigos de su soberbia y ambición de poder, o que “…las circunstancias actuales están siendo hábilmente dirigidas por lo Medios de Comunicación…” como asegura el comunicado de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, cuando los hechos hablan por sí solos; es realmente desmoralizante para los(as) católicos(as).
Confío y espero que Dios ilumine a nuestro máximo guía espiritual católico, Cardenal Monseñor Miguel Obando y Bravo, quien por años ha sabido dirigir sabiamente a sus feligreses y mantener su independencia y ecuanimidad pastoral. Sé que su trayectoria ha sido limpia, empezando por aquel hecho histórico en el que públicamente rechazó un carro de lujo que el entonces presidente de Nicaragua, Anastasio Somoza Debayle, le ofreció.
El gobierno que preside el ingeniero Enrique Bolaños es una nueva experiencia para todos(as) los(as) nicaragüenses, y como él mismo advirtió, para muchas personas esa experiencia puede ser dolorosa, pero recordó que este dolor no es de muerte, sino dolor de parto; el parto de una nueva Nicaragua. Quiero ser optimista y pensar que sí vamos a lograrlo. Pero considero que ante la realidad presente se hace indispensable rogar por un milagro que nos permita vencer al monstruo bicéfalo del pacto, fiel guardián de la corrupción y otros muchos pecados cometidos contra este pueblo desde el 19 de julio de 1979 y que aún están impunes.
La autora es psicóloga.