La solución no es reformar el Código

Luisa Molina Argüello

¿Incentivar a los escuadrones para eliminar a los niños en la calle? o ¿una sociedad más equitativa, respetuosa y responsable que cumpla los derechos humanos de la niñez?

Al aprobarse el Código de la Niñez y la Adolescencia en 1998, se establece por primera vez que la niñez y la adolescencia son seres humanos con derechos, entendiendo por derechos no únicamente el acceso a justicia penal, sino proporcionarles una vida digna y justa.

Con el Código se ha visibilizado e incrementado la denuncia de la violencia intrafamiliar, maltrato, abuso sexual, explotación sexual y comercial que sufre la niñez. De cada 10 niños y niñas 7 han sufrido abuso y maltrato por un familiar cercano, un vecino o un pariente lejano, presumiéndose que la casa era uno de los lugares más peligrosos para la niñez, independientemente del estrato social. Abusos que aún no han sido suficientemente denunciados, porque aún se piensa que forman parte del ámbito privado de los hogares, que la sociedad no debe inmiscuirse y no hay una cultura de derechos de los niños.

El Código nos invita a dejar atrás un pasado de rigor y avanzar hacia una nueva cultura de relaciones humanas, donde todas las personas son consideradas iguales. No es fácil, pues, significa romper con patrones culturales que han visto a la niña, niño y adolescente como un objeto.

El Código promueve corresponsabilidad del Estado, familia, comunidad y de la sociedad, lo cual requiere de la voluntad y recursos para su implementación y aplicación.

Muchos sin haber entendido la razón social del Código, cotidianamente amenazan a la niñez con la suspensión de sus derechos integrales consignados en el mismo, esgrimiendo razones de “que el Código promueve impunidad e inseguridad ciudadana”, lo cual choca con las estadísticas policiales a nivel nacional e internacional, que revelan que uno de los países más seguros de Centroamérica es Nicaragua.

Amenazas que resurgen cuando un personaje de la vida social, política o económica se ve perjudicado por un adolescente, aseguran que el gran culpable es el Código, que hay que reformarlo y ahora suspenderlo. No se dan cuenta o no quieren darse cuenta que el Código únicamente establece que la niñez y la adolescencia deben ser tratados como seres humanos al ser procesados, si éstos cometen algún delito.

Algunos no quieren reconocer, ya sea por desconocimiento o por intereses políticos, que las causas que están generando impunidad e inseguridad ciudadana van más allá de la voluntad y el quehacer de la niñez, que el empobrecimiento ha empujado a miles de ellos, a ser protagonistas de la exclusión social y económica.

Las niñas, niños y adolescentes son los que más padecen hambre, son más de 300 mil los que a diario se enfrentan a un horario de 14 o más horas de trabajo, recogen alimentos descompuestos en los basureros de todo el país, piden limosnas, padecen de abuso y tráfico sexual.

Detrás de una propuesta de reforma o suspensión del Código que pretenden algunos sectores de la sociedad y algunos diputados, está la incapacidad de realizar propuestas y programas de desarrollo que permitan a la ciudadanía avanzar en el trato humano hacia la niñez y la adolescencia.

La autora es Coordinadora Nicaragüense de ONG que trabajan con la niñez y la adolescencia (Codeni)  

Editorial
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