Bemoles y virtudes de la democracia

Migdonio Blandón

El desaire que diputados de su propio partido hicieron al Presidente Enrique Bolaños, es un caso ejemplar de que sólo en regímenes democráticos pueden ocurrir y tolerarse estas cosas, a pesar de que puedo asegurar que la mayoría repudia. De todas maneras, aquel incidente debe hacernos considerar que es un valioso avance a la libertad en general y sobre todo una clara confirmación de que el sistema democrático iniciado en el 90 con doña Violeta, a pesar de las fallas habidas, ha seguido afianzándose, y sin temor a equivocarme, como dijo don Enrique, puedo con él y muchos más afirmar que tenemos “un buen Presidente”.

Se le critica al Presidente, además del desempleo y la pobreza, que vienen del pasado, sobre todo de no haber hecho nada al fungir de Vicepresidente para evitar la corrupción administrativa anterior, que trayendo su pesado lastre, ha entorpecido la restauración del daño causado en la década de los 80, en que destruyendo al país, como botín se repartieron el erario público; y los responsables, con ínfulas de honestos a bases de amnistías y prescripciones impunemente lo disfrutan.

Es comprobable sí, que tales críticas no tienen fundamentos. Según la Constitución el Vicepresidente es un sustituto del titular del Ejecutivo, que sólo a su falta puede actuar. Ahora podemos ver que ya en el ejercicio del poder, aun a riesgo de lastimar “callos” sensibles, como buen administrador está tratando de poner el debido orden, para con rectitud y seguridad salir del estancamiento al que hemos llegado debido a la extremada tolerancia que se había dado a la corrupción.

Por lo que aplicándose las leyes con justicia equitativa, además de dar su merecido castigo a los culpables, puede evitarse que funcionarios y ciudadanía en general caiga en la tentación de emular el mal ejemplo, si no por moralidad por temor a ser sancionados. Para una buena administración es imprescindible que haya orden y justicia. Cuando esto falta, de poco o nada sirven códigos y leyes por buenos que éstos parezcan ser.

Pero si la justicia enmarcada en las leyes constituidas, se aplica equitativamente sin diferencia de ninguna índole, enmarca los derechos y deberes que definen la verdadera libertad, que son al mismo tiempo el principio fundamental de la democracia; y que con sentido de igualdad y solidaridad al afianzarse, es base sólida para el necesario arranque, que nos llevaría mediante el trabajo ordenado a salir dignamente del subdesarrollo y la pobreza.

Si actuamos solidariamente, dando el debido respaldo a las autoridades constituidas, no obstaculizando por sectarismos politiqueros ni intereses ególatras las acciones administrativas, que para beneficio nacional y dentro del marco legal se efectúan, lograremos que nuestro país usufructuando sus naturales riquezas, aún con la amenaza de El Niño y otras más, con la ayuda de Dios, desde la “Nueva Era”, saliendo del subdesarrollo, en poco tiempo estaríamos en condiciones de hacer un legado digno a las nuevas generaciones y ayudar a quienes lo necesiten.

El autor es miembro de Eduquemos.  

Editorial
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