Humberto Belli [email protected]
“Ustedes son la principal esperanza de los pobres del mundo, la principal esperanza de romper las cadenas de la pobreza”, dijo este sábado 17 de mayo el famoso intelectual Michael Novak, a los graduandos de la universidad Ave María College of the Americas. Autor de más de 25 libros, entre ellos el “best seller”, “El Espíritu del Capitalismo Democrático”, Novak abordó el tema de la erradicación de la pobreza en ocasión de recibir un doctorado Honoris causa.
“Animo a todos lo que puedan,”les repitió, “a que se metan en negocios. Los negocios pequeños son el pan y la mantequilla de la justicia social”. Evidentemente el enfoque de Novak no es muy convencional. Cuando se habla de combatir la pobreza, la mayor parte de los latinoamericanos pensamos casi automáticamente en distribución de riquezas o en programas gubernamentales. Criados en culturas tremendamente estadistas, nos cuesta entender que la solución de nuestros males haya de venir de las iniciativas libres de los ciudadanos. Este énfasis es parte de la novedad de Novak.
Observando que dos terceras partes de la población del mundo han logrado en escasamente doscientos años, salir de la pobreza casi universal que reinaba en el año 1800, Novak se pregunta: ¿Cuál ha sido la institución clave de esta portentosa transformación? Para él la respuesta es, “La pequeña empresa. Ésta es la gran institución productora de riqueza”. Ésta es la gran máquina para generar nuevo empleo. En el año 1999 en Nicaragua, cerca del 80 por ciento de todos los empleados tenían sus trabajos en el sector de los negocios pequeños y medianos. Eliminemos esas empresas y veremos qué pobreza más dolorosa volvería a Nicaragua, qué desempleo masivo”.
Y, añade Novak, “la única forma de que el pobre pueda romper las cadenas de la pobreza es creando, o encontrando trabajos que sean suficientemente productivos para proporcionarles a sus familias independencia financiera. El programa número uno para terminar la pobreza son trabajos, trabajos, trabajos. El pobre necesita estar creativamente empleado. Pero uno no puede tener empleados sin empleadores”.
Aquí es precisamente donde el empresario juega un papel absolutamente crucial. Con su talento, creatividad y dedicación, crea oportunidades que antes no existían, genera riqueza, genera empleos, y rescata al pobre de su pobreza. Novak puso de ejemplo a uno de los que escuchaban su discurso: Tom Monaghan, fundador de Dominos Pizza, financiador de la catedral de Managua y el principal benefactor de Ave María College of the Americas. Tom, quien nació en la pobreza y se educó en un orfelinato, comenzó con una pequeña pizzería. Su espíritu innovador le llevó a promover la entrega a domicilio en tiempo récord, y luego a convertirse en dueño de una franquicia con más de cinco mil sucursales. En el proceso creó empleo para más de cien mil personas. “He aquí un ejemplo”, observó Novak, de alguien que hizo tanto por los pobres sin ocasionarle a los contribuyentes un centavo adicional en impuestos”.
La empresa, empero, no basta. Para Michael Novak hay tres pilares que son indispensables para su sustento: Un sistema político libre, una economía libre, y una cultura de la libertad y la virtud. Este tercer ingrediente, nos advierte, es crucial. “Ningún pueblo puede construir una sociedad libre sin una cultura de honestidad, transparencia, e intenso espíritu público… Uno debe amar el bien común más que el bien de nuestra propia familia, más que a uno mismo”.
Libertad, empresarios y ética. El mensaje es simple. El reto es vivir estos consejos. Como decimos popularmente, la pelota, está en nuestra cancha. ¿No es tiempo de ganar ya el juego?
El autor es presidente de la Universidad Ave María College y miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.