Denis Miranda Miranda
Creo que en su mayoría lo es, pero que en los artículos que menciona que un adolescente no puede ser privado de su libertad y sólo si el adolescente quiere estar allí; en estas porciones el Código se convierte en una ley antisocial.
¡Si los que promueven estas leyes vivieran donde viven nuestros niños la pensaran dos veces!
Estas personas que defienden un Código antisocial, son humanistas ciegos y sordos, que no han oído el clamor de miles de nicaragüenses que están siendo afectados por esas partes del Código que están fuera de contexto; somos una sociedad de post-guerra, post-Mich, que muchos de nuestros adolescentes y jóvenes no tienen respeto a nada ni a nadie, mucho menos a sus padres, que en la mayoría de los casos son los culpables del problema de la niñez.
La continuidad de esas leyes que atentan contra nuestros niños y niñas, que están en los hogares mirando aterrados, cómo adolescentes delincuentes acuchillan, matan, roban a toda cuanta persona aparece, quiero contar algunas historias vistas por nuestros niños y niñas en nuestro barrio:
En una ocasión tres adolescentes botaron, hirieron y golpearon a un reportero griego, por robarle su cámara y pertenencias, junto con mi familia ayudamos y fuimos a la Estación 4 de la Policía, en la cual no recibimos atención, argumentando de que estaban cansados de detener adolescentes para que luego la Procuraduría de la Niñez les reclame y envíe una orden de libertad, según palabras de varios agentes consultados. Luego lo llevé a un canal televisivo para que hiciera el hecho publico.
En otra ocasión otros dos adolescentes, uno de 14 y 17 años, frente al Cine Margot golpearon a un norteamericano para robarle, el cual se defendió para no dejarse robar, pero cuando él estaba huyendo de los ladronzuelos, uno de ellos tomó una piedra y la arrojó sobre el hombre impactándole en el hombro derecho. Si le hubiera dado en la cabeza lo hubiera matado.
En muchas ocasiones nuestros niños y niñas ya no quieren salir a jugar a la calle porque quedan horrorizados viendo cómo adolescentes les arrebatan bicicletas, dinero y las mochilas escolares a alumnos del Instituto Loyola, y esto es para mencionar sólo algunos casos.
Quiero sólo mencionar un último caso, cuando uno de mis hijos de 6 años, una vez que andábamos en Villa Libertad unos jovencitos entre 13-16 años se enfrentaron y arremetieron contra nuestro microbús quebrando el vidrio trasero y unos vidrios laterales. Cuando esto ocurrió yo salí de una casa que visitábamos y mi hijo quedó traumado desde ese tiempo, de no querer volver al lugar y lloraba cuando miraba grupos de pandillas.
Esto que les estoy contando es sólo un reflejo de lo que se vive en la mayoría de barrios pobres de la capital, y también en los departamentos. Supe de un caso donde un adolescente mató a otro atrozmente en un departamento, pero no se le hizo nada por ser un adolescente, y lamentablemente se les detiene y se hace algo sólo cuando el daño es hecho a un personaje público como el caso del diputado conservador o el caso del señor Munguía.
No estoy en contra del Código, estoy en contra de aquellas partes que atentan contra nuestros niños y niñas que dependen de familias humildes, pero que están en sus hogares sufriendo el maltrato de otros niños que por X o Y razón son delincuentes.
Personalmente amo a los niños y estoy trabajando para rescatar adolescentes de las calles, pero por éstas y otras razones es necesario que se frene la delincuencia adolescente amparada en leyes más justas y apegados más a la razón que a la emoción o presión internacional por unos dólares más.
Para concluir y pensar en la niñez no nos vayamos a Europa ni a Norteamérica, veamos a Nicaragua a nuestra sociedad, una sociedad guerrerista y sufrida por muchos factores. Creo que si queremos ayudar a nuestra niñez deberíamos de empezar por reeducar a la familia, que es allí donde radica el problema. Pienso que al querer ayudar a la niñez deberíamos comenzar por educar a las parejas que se forman y traen niños al mundo; en este asunto estamos agarrando al perro por la cola como dice el proverbio salomónico.
El autor es Reverendo y Director del Centro Cristiano Vida.