Así es Juan Pablo II

Evin M. Rosales

“Si hay un santo entre los cardenales, él es uno, si hay un hombre competente entre ellos, ese es él” (un Obispo del Vaticano).

En ocasión del cumpleaños número ochenta y dos del papa Juan Pablo II, el pasado 18 de mayo, he considerado oportuno esbozar en pocas líneas parte del papel fundamental realizado hasta hoy por un gran defensor de la dignidad humana, un hombre comprometido con la justicia social, un incansable luchador y promotor por instaurar una cultura de paz y vida, y por defender el respeto por la dignidad personal, de regímenes totalitarios y degradantes: ese es Karol Wojtyla, Juan Pablo II.

Quizás en nuestros años de vida, de relacionarnos con todo tipo de problemas y personas, hemos escuchado muchas entrevistas, hemos hablado con bribones y con hombres honestos; desde ministros de gobierno, diplomáticos y gerentes; maestros, editores y periodistas, es un hecho innegable hoy por hoy, que hombres como el papa Wojtyla existen solamente en la historia de la vida de los santos.

Para muchos millones de personas católicas o no, el papa Juan Pablo II es la gran figura de nuestros tiempos, el defensor y la encarnación principal de una fuerza moral que ha guiado con pasos seguros a la humanidad a través del siglo XX y comienzos del siglo XXI, la época más sangrienta de todas. Por casi 24 años su palabra ha resonado en los corazones de muchos hombres y mujeres, ancianos, jóvenes y niños como una luz que aclara las oscuras situaciones que vive hoy la humanidad. Su magisterio ha iluminado el quehacer de científicos, teólogos, estadistas y de muchísima gente común. Sin duda, creemos que la influencia de su pensamiento ha sido determinante en los acontecimientos más importantes de la historia reciente.

Juan Pablo II es elegido sucesor de Pedro el 16 de octubre de 1978, en la lista de papas hace el número 264, inició su pontificado el 22 de octubre de 1978, su nombre es una manifestación de admiración y aprecio por los papas que le precedieron: Pablo VI y Juan Pablo I.

En su primer mensaje al mundo, Juan Pablo II, lanza un grito de fe y esperanza:

“Abridle a Cristo las puertas de par en par, abridle las puertas de los estados, de los sistemas económicos y políticos, de los vastos campos de cultura, la civilización y el desarrollo; dejad que Cristo hable al hombre”.

Juan Pablo II: modelo de hombre dialogante, misionero del evangelio, constructor de la paz, guía vigoroso y valiente: de coraje intrépido, nos exhorta a construir la paz cimentada de la justicia, pues la paz es fruto de ella. Hay que apostar por la paz y educar para la paz nos dice.

Juan Pablo II: un gran defensor de los derechos de la mujer, del niño, del anciano, del enfermo; constructor de la unidad, misionero maestro, auténtico pastor y defensor de la vida. Una autoridad y persona digna de imitar en estos tiempos faltos de líderes auténticos.

En nuestra patria continúa con vigencia aquella exhortación pronunciada el 4 de marzo de 1983: “A ustedes educadores seglares, los insto a ser forjadores de hombres libres, seguidores de la verdad, ciudadanos justos y leales, constructores de la paz”. He ahí nuestra misión educativa, sólo la educación fundamentada en estos principios hará posible la nueva Nicaragua.

El autor es presidente de la Asociación Integral a la Familia “Juan Pablo II”.  

Editorial
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