El peregrino infatigable

El papa Juan Pablo II viajó esta semana a Bulgaria para participar en la celebración de la festividad de los dos grandes patronos búlgaros, los santos Cirilo y Metodio, quienes en el siglo IX evangelizaron a los pueblos eslavos y crearon el alfabeto cirílico que sirvió de base a los idiomas ruso, ucraniano, búlgaro, yugoslavos y otros. Estos dos santos búlgaros eran hermanos (Constantino y Miguel), nacidos en Macedonia, y al hacerse monjes adoptaron los nombres de Cirilo y Metodio.

Cirilo y Metodio tradujeron la Biblia al eslavo y celebraron la misa en ese nuevo idioma, por lo cual fueron acusados de cismáticos y heréticos. Sin embargo, ellos encontraron la comprensión del papa Adriano II, quien no temía a las innovaciones, y los autorizó a celebrar los santos oficios en la lengua eslava.

Pero no sólo por esa fiesta Juan Pablo II fue esta semana a Bulgaria. Es que, como lo reportó la agencia de prensa Zenit, del Vaticano, con esta visita “el Papa realiza una nueva etapa de acercamiento a las iglesias ortodoxas, después de haber visitado Rumania, Georgia, Grecia y Ucrania”. En realidad, el Papa ha querido demostrar a la alta jerarquía de la Iglesia rusa ortodoxa —la que hasta ahora no ha aceptado recibir al romano pontífice en Rusia— que él no cede en su propósito de fundir en un abrazo ecuménico a la Iglesia Católica Romana con la más grande e importante iglesia oriental del rito ortodoxo.

Además, al acercarse ineluctablemente el fin de su apostolado, el Papa polaco (Karol Wojtyla) ha querido expresarle directamente al pueblo búlgaro que no guarda resentimiento por el atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981, en la Plaza de San Pedro, en Roma, a manos de un supuesto sicario de la policía política de la Bulgaria comunista. Inclusive, de manera sorprendente, Juan Pablo II dijo ayer en Sofía (según el gobierno de Bulgaria): “Jamás he creído en la pista búlgara. Estimo demasiado a este pueblo para creer en ella”.

Por otro lado, de manera significativa, al culminar mañana su visita a la tierra de Cirilo y Metodio, Juan Pablo II beatificará a tres religiosos búlgaros de la orden de la Asunción, quienes fueron asesinados por el gobierno comunista en 1952. Precisamente, una de las razones fundamentales por las que Juan Pablo II pasará con letras grandes a la historia, es porque bajo su impulso espiritual se derrumbó el régimen comunista, no sólo en su nativa Polonia, sino también en Rusia y en toda Europa Oriental.

Pero antes de llegar a Bulgaria en su viaje internacional nonagésimo sexto (96), Juan Pablo II estuvo en la ex república soviética de Azerbazhán, en una visita también sorprendente, porque en ese antiguo país comunista centroasiático y musulmán apenas hay unos 200 católicos.

En realidad, la visita papal a Azerbazhán fue más política que religiosa, ya que el Papa visitó en 1999 Georgia, y en septiembre de 2001 estuvo en Armenia (ambos, antiguos estados miembros de la comunista ex Unión Soviética), que tiene una grave enemistad con Azerbazhán por el conflicto en Nagorno Karabaj. Por eso los azeríes estaban resentidos con el Papa, lo que ha logrado superar con su visita de esta semana. Inclusive, Juan Pablo II obtuvo del gobierno azerí la donación de un terreno en la ciudad de Bakú, para reconstruir el único templo católico que había en ese país, que fue destruido en los años 30 del siglo pasado por el régimen estalinista (cuando también el único sacerdote, Stefan Demurov, fue deportado a Siberia) y en cuyo lugar se levantó una cantina para miembros de la KGB.

De manera que el propósito de este Papa de hierro que ha hecho el extraordinario esfuerzo de viajar a lo largo de 6,500 kilómetros, con 82 años de edad recién cumplidos y la salud gravemente quebrantada, ha sido el de tender de nuevo la mano a Moscú con la humildad que lo ha caracterizado, profundizar el diálogo con las iglesias ortodoxas, y al mismo tiempo, reivindicar el prestigio de la Iglesia Católica dañado por las malas actitudes personales de algunos obispos y sacerdotes que han incurrido en graves pecados sexuales o se han asociado con políticos corruptos.  

Editorial
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