Luis Sánchez [email protected]
Tan grave es el pleito que tiene el diputado Jaime Morales Carazo con su “ahijado” de primeras nupcias, Arnoldo Alemán, y con los partidarios más incondicionales de éste —como el contralor Guillermo Argüello Poessy y el ex director de Ingresos, Byron Jerez—, que ha expresado públicamente su deseo de que ahora mejor le digan “ex padrino” de Alemán.
Pero, ¿de verdad Morales Carazo es “padrino” de Alemán? Además, ¿se puede dejar de ser padrino en el momento en que uno quiera? Y, ¿qué significa y cuál es el origen del padrinazgo?
Según el Diccionario de la Lengua Española, padrino es “el que tiene, presenta o asiste a otra persona que recibe el sacramento del bautismo, de la confirmación, del matrimonio o del orden si es varón, o que profesa, si se trata de una religiosa”. Dice que padrino es también “el que presenta o acompaña a otro que recibe algún honor, grado, etc.”; así como “el que asiste a otro para sostener sus derechos, en certámenes literarios, torneos, desafíos (duelos), etc.” Además, padrino es el que tiene suficientes influencias “para conseguir algo o desenvolverse en la vida”. Y también, agrego yo, se le llama padrino a algunos jefes máximos de las mafias italianas e italo-americanas.
Pero en sentido estricto, padrino es quien en el bautismo católico presenta al niño, lo sostiene sobre la pila bautismal —o lo toca simbólicamente—, responde por la creencia del ahijado y le impone el nombre, aunque en realidad éste es decidido previamente por los padres. Igualmente, es padrino el de confirmación, y en este caso el canon 893.2 del Código Canónico dice que “es conveniente que se escoja como padrino a quien asumió esa misión en el bautismo”. Y el padrinazgo se termina con la muerte del ahijado o del padrino.
(Nuestros antepasados aborígenes practicaban un rito parecido al bautismo católico: días después del nacimiento de la criatura, escogían un signo del “tonalpohualli” (calendario de días festivos), y ese día la partera ofrendaba el recién nacido al Sol y al Agua. Si era varón ofrecían al Sol un arco con flechas y enterraban el cordón umbilical en el campo de peleas; y si era niña, lo enterraban debajo del fogón y ofrendaban un carrizo para tejer. Luego celebraban un gran banquete y repartían regalos. Pero no encontré información de que tuviesen algo así como el padrinazgo católico).
En el matrimonio católico no hay padrinos, aunque comúnmente se llama así a los testigos que obligatoriamente, según el Código Canónico (canon 1108), deben estar presentes en la celebración de este sacramento y colocarse junto a los contrayentes.
El padrinazgo se practica desde el siglo II después de Cristo, cuando se comenzó a bautizar a las personas antes que tuvieran uso de razón. Y para certeza posterior de que el sacramento bautismal había sido administrado y recibido en forma legítima, se buscaba el testimonio de un cristiano idóneo, que tuviera capacidad de responder por la fe y la conducta del ahijado y de encargarse de su instrucción religiosa y moral.
Así que deberían estar tranquilos el diputado Morales Carazo y el ex presidente Alemán, pues en realidad el primero nunca fue verdadero padrino del segundo, sólo testigo común de su primer matrimonio; y por su parte Alemán tampoco ha sido verdadero ahijado de su “padrino” disidente.