Carlos Cardenal
Aquí en Nicaragua la amistad es una relación amplia mucho mayor de lo que en sentido estricto se aplica en Europa o en los países anglosajones. Allá ser amigo es algo que involucra más intimidad y desde luego otras características, donde la lealtad, en el mejor sentido de esta palabra, es quizás la más importante. En Nicaragua tenemos muchos amigos, que en realidad son conocidos, pero a todos correspondemos con algún sentido de adhesión y de mayor o menor compromiso, según el caso, y en esa forma somos correspondidos. Hasta allí todo bien.
Sin embargo, parte de los defectos que adolece nuestra política es el amiguismo, que no es otra cosa que el actuar con discrecionalidad en beneficio de los así llamados amigos, y que entorpece el recto y probo funcionar de la burocracia, en casi todos los niveles. La amistad nada tiene que ver con esta aberración, y es más bien la corrupción la que inequívocamente está asociada al amiguismo. Parte de lo que estamos presenciando en este gran escenario judicial proviene de esta dolosa desviación.
Los amigos del ex presidente Alemán, en buena parte, están ahora sometidos a juicios por delitos ya de todos conocidos y otros amigos, que se han dado a la fuga, serán juzgados en ausencia y eventualmente extraditados. Estamos hablando de verdaderos amigos del ex presidente Alemán y no de simples conocidos, pues en mejores tiempos los vimos en estrecha camaradería, compartiendo quintas, piscinas, cuadriciclos y otros placeres mundanos afines, que no dejaban duda sobre la existencia de una auténtica “hermandad” entre ellos.
Precisamente esta cofradía de amigos ocupaba puestos de confianza en su gabinete, rotándose en posiciones los mismos sujetos, como si no hubiese gente calificada que los pudiera sustituir. Los unía una confianza y “lealtad” incondicional hacia el jefe, sólo comparables a las que se estilan en los grupos mafiosos de la “Cosa Nostra”, y no precisamente entre los miembros de un gabinete del gobierno serio. Los hechos nos demuestran que muchas de las acciones de los hombres del presidente, eran actos delictivos, reñidos con la ética, y de los cuales el ex Presidente debió haber tenido conocimiento, dada la intimidad que prevalecía entre ellos, y en su calidad de jefe del Ejecutivo.
Ante esta situación de desmantelamiento de actos corruptos de ex funcionarios de ese desgobierno, me conmueve la impasibilidad del presidente del Congreso y su falta de compromiso con los actos de su administración, así como la ausencia total de solidaridad con sus viejos camaradas y colaboradores cercanos, poniendo en entredicho su calidad y reputación de “buen amigo”, dando la impresión de que el Dr. Alemán no fue el Presidente de este país en el gobierno anterior, o que padece de arterosclerosis (enfermedad que disminuye la memoria reciente), pues las carcajadas y las fanfarronerías de que hace alarde en público, en nada se compadecen de la tragedia que están viviendo sus desafortunados cuates.
El diputado liberal, Lic. Jaime Morales Carazo, sostiene que la manifestación que se está planteando en apoyo al Dr. Alemán, en Masaya, para el mes de junio, es una gimnasia electorera a destiempo, que cuenta con su desaprobación, y me imagino que con la de otros liberales consecuentes y, desde luego, la de toda la ciudadanía. La corrupción no puede ser objeto de apoyo y menos de celebración; merece el repudio y la más enérgica condena de todo el pueblo.
Los amigos del Presidente de ayer son los olvidados de hoy en las cárceles, los prófugos, los delincuentes de una Administración, cuya cabeza visible al amparo de la más irracional y abyecta impunidad, que es la inmunidad, entorpece no sólo la gobernabilidad, sino la posibilidad de Nicaragua de ser un país viable y digno de credibilidad.
El autor es lingüista.