El caso del superintendente Aguado

La renuncia de Martín Aguado al cargo de Superintendente de Pensiones pone punto final al pugilato que en torno a su nombramiento en dicho cargo se venía dando entre el presidente Enrique Bolaños y el diputado Arnoldo Alemán. El triunfador, sin duda, ha sido Bolaños.

Como es sabido, en octubre del año pasado el entonces presidente de la República, Arnoldo Alemán, forzó en la Asamblea Nacional el nombramiento de Aguado, en abierta oposición al deseo de Bolaños, que en esos momentos era el candidato presidencial por el PLC. En aquella oportunidad, Alemán no sólo ignoró la posición de Bolaños sino que hizo reformar la Ley de Pensiones para quitar de ella la disposición legal que impedía que pudieran ser electos al cargo de Superintendente de Pensiones los funcionarios públicos que no hubiesen renunciado al menos seis meses antes al cargo anterior, como era el caso de Aguado, que hasta entonces se desempeñaba como presidente del INSS.

Después, una vez electo Presidente de Nicaragua, Bolaños insistió en la renuncia de Aguado, y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) reforzó su postura reteniendo un financiamiento de 30 millones de dólares destinados al fortalecimiento del sistema de pensiones. El alegato del BID era que el nombramiento de Aguado violó el acuerdo que dicho organismo internacional había suscrito con el Gobierno, en el que se estipulaba que el nombramiento del Superintendente debía de hacerse conforme la Ley de Pensiones vigente en el momento de la firma del acuerdo.

A pesar de todo eso, y debido a un alarde de poder de Alemán, tuvieron que pasar varios meses antes de que se produjera la remoción de Aguado (por medio de su propia “renuncia”), para dar oportunidad de seleccionar al importante cargo referido a una persona limpia y capaz, que no cargue con todos los cuestionamientos que se le han hecho al ex presidente del INSS. (En estos momentos la Contraloría General de la República está investigando la denuncia de una compra sobrevaluada de Bonos de Pago de Indemnización que supuestamente hizo Martín Aguado y que pudo perjudicar al Estado en varios millones de córdobas. Desde entonces Aguado abandonó el país y se desconoce su paradero).

El bochornoso caso que significó el nombramiento forzado de Aguado es algo que no debe volver a ocurrir en Nicaragua. La obsoleta y viciada práctica de reformar las leyes para ajustarla al capricho del gobernante de turno es algo que debe quedar en el pasado. El presidente Bolaños tiene ahora la oportunidad y la obligación de enviar una terna para elegir a los nuevos Superintendente y Vicesuperintendente de Pensiones, que esté compuesta por personas de probada capacidad y de limpia trayectoria, de forma tal que la Asamblea Nacional —que es la encargada de seleccionarlos— se vea obligada a escoger en función de la capacidad, trayectoria y honestidad de los candidatos, y no de amiguismos ni de conveniencias personales o políticas.

La Superintendencia de Pensiones —que es una institución surgida de la reforma y modernización del sistema de pensiones y de seguridad social que se viene impulsando en nuestro país desde hace varios años— tendrá a su cargo la responsabilidad de cuidar que los millones de córdobas que en concepto de cotizaciones pagan los empleados, sean invertidos con transparencia por las Administradoras del Fondo de Pensiones (AFP). No cualquier persona, por lo tanto, puede quedar al frente de ella.

Pero este caso debe servir también para ilustrar el perjuicio que le está causando a la nación el empecinamiento del diputado Alemán de permanecer como presidente de la Asamblea Nacional a cualquier costo, ya que si él hubiese tenido la voluntad de cooperar con el Presidente Bolaños, el señor Aguado hubiese presentado su renuncia o hubiese sido destituido por la Asamblea Nacional desde hace mucho tiempo, y no se habría interrumpido el proceso de reforma del sistema de pensiones a consecuencia de la retención del préstamo del BID.

El intento de superar el atraso económico y social de Nicaragua no debe verse interferido por nadie, y mucho menos aún por personas que, como Arnoldo Alemán, dejaron una secuela de corrupción de la cual el país en su totalidad está desesperadamente tratando de salir.  

Editorial
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