Cuidado con el Éxtasis

Marco A. [email protected]

Existen indicios que la droga conocida como “éxtasis” está empezando a penetrar en Nicaragua. La apareción de drogas sintéticas en las incautaciones efectuadas por la Policía Nacional, así como el decomiso —en la frontera con Honduras— de un poco más de 9,500 pastillas que fueron empaquetadas en Costa Rica, el desmantelamiento de una red de traficantes de éxtasis en El Salvador, nuestra vecindad con Colombia y, ubicación geográfica entre Panamá y Guatemala, indican que hay que ponerle atención a esta nueva droga.

El éxtasis, cuyo nombre científico es 3,4-metilenodioximetanfetamina (MDMA), es una sustancia sintética psicoactiva que tiene propiedades estimulantes y alucinógenas, lleva al consumidor a experimentar sentimientos de tranquilidad, alegría, ganas de tener contacto físico con los o las demás, y hace ver las cosas de diario como si fueran hermosas y agradables. Dado que ayuda a romper las barreras de comunicación con la gente, se le denomina la “droga del amor”.

La mayor parte de su producción se concentra en Europa Occidental, aunque se han detectado laboratorios en Estados Unidos, México y América del Sur, todos controlados por el crimen organizado transnacional, entre otros, israelí, belga, holandés, ruso y estadounidense. La mayor parte del éxtasis que se comercializa se presenta en tabletas y píldoras, siendo los(as) consumidoras, hasta hoy, casi siempre de sectores sociales altos, puesto que el precio de cada dosis oscila entre los 10 a 30 dólares.

Un estudio de la Oficina de las Naciones Unidas de Fiscalización de Drogas revela que este tipo de drogas, comparadas con las naturales, es más atractiva ya que se ingiere por vía oral, evitando inyectarse o fumar, disminuyendo el estigma social asociado a las últimas vías de administración. También tiene fama de ser droga social, menos dañina, más controlable y, además que hace ascender de status social, ya que es droga de club, discotecas, paseos al mar o a la finca.

En muchos países latinoamericanos, los narcotraficantes están utilizando el Internet para organizar fiestas de éxtasis que reciben preferentemente personas adineradas. A través de la red —en lenguaje cifrado— se anuncian fiestas, croquis para llegar, menú, precios, música, y tipo de personas que asistirán. También utilizan el Internet para publicitar y comunicar las vías para comprar cotidianamente la droga.

El Informe Anual 2001 de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de Estados Unidos expresa que, se ha demostrado que el éxtasis puede ocasionar graves problemas de salud y, en algunos casos, la muerte. Consumida en combinación con alcohol, y otras de las llamadas “drogas de clubes”, se hacen aún más peligrosas. Los efectos psicológicos duraderos pueden incluir la confusión, depresión, problemas de insomnio, ansiedad y paranoia. Otros estudios plantean que los efectos en el cerebro son irreversibles, que produce alteración de la presión arterial, pérdida de la vista, aceleración del corazón, vomito, desorientación y resequedad bucal.

Frente a este panorama, es saludable trabajar en función de la prevención del consumo de éxtasis y, no esperar hasta que empiece a hacer estragos en la niñez, adolescencia, juventud, jóvenes adultos, familias, colegios, barrios, y universidades. En resumen, no esperar que sea noticia de primera plana como lo es en otros países centroamericanos.

El autor es consultor en Seguridad Ciudadana.  

Editorial
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