Alfredo González [email protected]
Los actos de terrorismo y corrupción destruyen al humano, en formas distintas, violento versus pasivo, pero ambos arrasan, no hay que dudar que la corrupción devasta masivamente, las malas acciones destruyen al ser humano.
El terrorismo con su acción, da muerte instantánea a personas y bienes. La corrupción daña lentamente y paulatinamente realizamos el daño que ocasiona, a bienes y personas, que es la pobreza, la incompetitividad como Nación, al no tener los productos y servicios que requiere el mercado mundial. La forma diferente de realizar en el tiempo los daños que ambas acciones ocasionan, hace que la defensa ante las mismas sea rápida en la primera y lenta en la segunda.
Los ingresos que tiene una Nación pobre provienen de impuestos, préstamos y ayudas, los gobernantes racionalmente deben invertirlos en salud, educación e infraestructura, para ayudar a desarrollar a los ciudadanos. Ya educados, adultos, trabajando, como empresarios deben producir bienes y servicios que el mercado requiere y al vender generar utilidades para invertirlas donde más convenga, regresar a los mercados con más y mejores productos y continuar en este sencillo ciclo. Trabajando para satisfacer el mercado, viviendo feliz y dignamente, esto es igual para cualquier persona del mundo desarrollado, así ha sido siempre y será en el futuro. Es parte del comportamiento humano.
La pobreza de Nicaragua se debe principalmente a la incapaz gestión de gobiernos corruptos, unos más que otros, que hemos tenido durante décadas y a nuestra permisividad para que esto sucediera, la resultante es que nuestra pobreza es tal que casi no tenemos productos y servicios que ofrecer en el mercado mundial. Para mantenernos dependemos de la caridad internacional y del excedente del trabajo que envían miles de nicaragüenses en el exterior, sin estas ayudas colapsaríamos económicamente.
El mercado manda, nos guste o no, no hay más que esto. El mercado es donde se obtienen los beneficios, transando productos; en cantidades, calidades y tipos que este requiere. Sólo el mercado es el que puede dar los ingresos que requerimos. Si no se cree que esto es cierto busquemos dónde obtenemos utilidades gratis para que partiéramos a traerlas y probablemente nos encontremos en el camino con Pinochet y Castro, con el rico y el pobre, el capaz y el incapaz.
Los impuestos, los préstamos si se pagan o no, los pagamos todos y las ayudas que nos dan es para todos, somos Nación, un grupo, una empresa. Los gobernantes son electos para que con capacidad, honestidad y sabiduría administren los bienes para dar los beneficios de educación, salud, e infraestructuras requeridas para trabajar y llegar a los mercados a competir y tener beneficios por nuestro trabajo. Para crear confianza en la población mediante sus actos y no-temor e inseguridad. Para que el empresario del mundo invierta en nuestro país, genere empleo, venda en los mercados y ganemos todos. A los gobernantes se le debe medir únicamente por los resultados económicos de la nación no por otra razón, el país es una empresa, cada individuo es un empresario.
La resultante de la gestión de nuestros gobiernos pasados es cuantificable, con la hipotética acción, que si los países ricos abrieran sus mercados laborales, eliminando la barrera migratoria que imponen, la estampida de hombres y mujeres nicaragüenses se destacaría por su formidable número, un mercado libre se nivela solo, pues es mejor emigrar que agonizar lentamente. El resultado de nuestros gobernantes, ha sido que la pobreza, la población y la bolsa del corrupto es lo único que ha crecido.
La globalización es unión de mercados, bienes y personas, debería ser pareja para todo, la justicia también, los tribunales de corrupción deberían ser internacionales, ¿acaso no estamos ya en un mundo global? La ayuda externa debería ser atada para educación, salud, infraestructuras y para reforzar nuestro débil sistema judicial, para que la corrupción no nos siga eliminando lentamente. Es más conveniente, copiar o imponer los sistemas judiciales de los países donantes, en vez de rescribir nuestras leyes de honestidad. Si no cambiamos pronto seremos prisioneros en un sistema “democrático“ de un mundo globalizado.
La destrucción o el daño de algo que no nos pertenece debe de ser castigado de la misma forma, esto es igual para el terrorismo como para la corrupción. Debe ser sancionado, para corregirlo, para no morir de inmediato por la acción de un psicópata o lentamente de pobreza, por la acción de un incapaz corrupto, es sencillo como esto. De no actuar, el terrorismo y la corrupción terminaría a muchos, a ellos también.
El autor es Master en Administración de Empresas.