Freddy Potoy [email protected]
La sentencia de la juez Gertrudis Arias en el caso del Canal 6 es una buena señal de que las cosas aún no están perdidas en Nicaragua. Bien por ella, por el gobierno y por el país que trata de levantarse de una estela de corrupción que dejó el ex presidente Arnoldo Alemán y sus allegados.
Claro que surgirán algunas consecuencias de todo esto: por ejemplo, hay magistrados de la Corte Suprema de Justicia que están ardidos por esta sentencia que juzgó públicamente el actuar de ellos mismos en oficinas lujosas, salarios astronómicos, vehículos a su disposición y todas las comodidades que ellos demandan.
A los políticos que mandan en este país, quizás la juez Arias los alertó con su sentencia y ahora estarán pensando en ajustar más sus “fichas” en el Poder Judicial para no dejarle a cualquiera casos de corrupción.
Y ya no se diga de Alemán y su grupo que harán cualquier cosa para torpedear la justicia.
Seguramente deberíamos agradecerle a Gertrudis Arias por esta sentencia en la que dictó auto de prisión a ex funcionarios y funcionarios señalados de corrupción con bienes del Estado.
Pero, igual que la juez, pienso que ella sólo hizo su trabajo y no hay nada que agradecer, era su trabajo y punto.
Cuando se dan este tipo de situaciones siempre recuerdo el pensamiento de la cantante de ópera española Monserrat Caballé, quien considera que hay quienes piensan que por hacer bien su trabajo, creen que están haciendo algo especial, y no es así.
Afortunadamente la juez Arias parece no pensar que se le debe agradecer, ella ha repetido que simplemente cumplió con la Constitución y las leyes de la República y así debe ser. Lo que pasa es que los nicaragüenses no estamos acostumbrados a ver a las autoridades a hacer prevalecer las leyes, sino, el nepotismo, el oportunismo, la coima, el tráfico de influencia, las amistades y la corrupción en términos generales.
Ahora hay que tener bien puestos los ojos sobre los magistrados del Tribunal de Apelaciones de Managua, donde se librará una batalla no sólo legal, sino también política por los intereses que tienen el FSLN y el PLC.
Don Enrique Bolaños no debe quitar el pie del acelerador; si lo hace, Alemán podría revertirle las cosas y de hecho, ese señor que viene de Grecia, seguro están pensando en sacudir a alguien del gobierno para hacer quedar mal al presidente. Esto no debe perderlo de vista.
El Presidente ya dio una buena señal de castigar a los corruptos, ahora debe dar buenas señales en materializar sus políticas sociales y económicas, por lo menos. La gente no sólo quiere ver a los corruptos en la cárcel, sino que también quiere empleos estables, mejor nivel de vida, acceso a la educación, vivienda, salud, etc.
Por el momento, don Enrique cuenta con una opinión favorable de la ciudadanía (liberales, sandinistas, conservadores, otras tendencias políticas y de quienes no militan en política). Hay que seguir.