Maribel Cano
A mi llegada a managua, no me sentí como un anacoreta perdido gracias a la hospitalidad de los Lacayo y los Villa. No me impresionaron: ni Las Isletas. Ni el urbanismo de Managua. Ni la suciedad del Lago. Ni la fiesta en el “cortijo rociero” del Kilocho. Ni el cariño de Carolina Solórzano e Ilse Manzanares. Ni el encuentro con mis paisanos Antonio Pantoja, director de Unión Fenosa, y su esposa Pilar. Ni la labor del Lic. José M. Estrada en el Parque de Bomberos. Ni los jóvenes, Denis Fco. Ríos Quintanilla, Lic. en Informática e Ingeniero de Sistemas, y Mario C. Estrada Zeledón, Lic. en Administración de Empresas y gerente de una firma de transporte internacional, trabajando en pos del desarrollo. Mientras, otros luchan por estabilizar su situación laboral…
Tampoco las carencias del Hospital Berta Calderón de Managua y el Humberto Alvarado de Masaya. Ni la Casa del Café. Ni la amabilidad de Mari Bolaños. Ni que doña Lila T., primera dama, me prometiera colaboración en mis trabajos sociales. Ni la espectacularidad de Montelimar y Poneloya, testigo vivo de mi eterna relación con Nicaragua.
No disfrutar, item más, del vigorón y el gallo pinto, la chicha y el tiste o el dulce tres leches, placer y sabor unidos. Ni que en mi intimidad, aleatoriamente, y ajena a mi voluntad, se hiciera el silencio ante tanta maravilla. Ni la opulencia del ceibo y el malinche. Ni mi información por LA PRENSA. Ni las rotondas del Güegüense, Rubén Darío…
Ni el bilingüismo o los nicaragüismos: “vos me decís, vos te callás, parqueo en vez de aparcar… Ni las farmacias… Ni la publicidad en un autobús “Dichoso el que usa de la ley y no abusa de ella”. ¡Si cundiera el ejemplo…!
No me conmocionaron vuestros volcanes. Ni el temblor del 6 de enero en Managua. Ni la inmensidad del Xolotlán y el Cocibolca. Ni que en el Mirador de Catarina me creciera ante su majestuosidad. Ni el folclore de Masaya.
Nada me asombró queridos “nicas”.
Ni la hermosa Granada barroca y colonial. Ni el mausoleo de Rubén Darío en la Catedral Metropolitana de León. Razones personales erizaron mis fibras. Ni el que los escolares sin recursos, reciban tratamiento en la clínica odontológica de su Universidad, en un proyecto del doctor Jorge Cerrato y su equipo, junto a la decana y doctora Nidia Roa. Ni que Jorge L. Calderón de LEÓN ES NOTICIA quisiera entrevistarme… Yo que suelo entrevistar, entrevistada. Ni la pobreza que asola a la ciudad. Ni el trabajo de Infancia Sin Fronteras en los asentamientos de Matagalpa. ¡No conocí Jinotega: sus cafetales, sus orquídeas y neblinas, su Lago de Apanás…!
No me extrañó la humanidad del Presidente Bolaños. Ni su comprometido discurso criticando la corrupción. ¡Al tandem de los clientelistas debería humillarles! Presidente usted dijo: “Hay que arremangarse la camisa para llegar a la meta, y caminar por la ruta de los anhelos paso a paso, día a día, y golpe a golpe”. Vos querés iniciar una restauración moral con el pueblo. Y de testigo la bandera. ¿Sabés que la de Jerez de la Frontera, famosa por caballos y vinos, es una réplica de la vuestra? “Que todos los nicaragüenses, cobijados bajo el azul y blanco de nuestra bandera, nos arremanguemos la camisa en pos de la ruta que nos llevará a vivir con dignidad, paz y prosperidad”! Y el pueblo respondió: “Trato hecho”. ¡Y se hará don Enrique! He palpado los deseos de prosperar en mis “nicas”, sin la corrupción de los abyectos jerífaros .
¡“Eppur si muove”!: ¡El experimento está en marcha! ¡Nicaragua lo hará!
Al leerme dudarán: ¿No le gustó nada? ¡Al contrario mis nicas! ¡Me enamoré de Nicaragua! Y guardo vuestra huella con ubicuidad: carácter amigable, sentimiento de hermandad, ansias de prosperar, desempleo y precariedad de hospitales, lindas expresiones, sensibilidad, dulzura al tratarme, pobre o rico, daba igual. Os añoro. Y me duele no estar con vosotros.
¡Los nicas son ricos en afectos! ¡Por eso apuesto! Florecerá la industria y desaparecerá el desempleo. Habrá igualdad ante ley y sociedad. Las enfermas de cáncer recibirán su quimio. No habrá asentamientos empobrecidos ni insalubridad. Y el norte y el sur, hermanados, olvidarán sentimientos políticos que destruyen afectos de un pueblo rico en valores. No sos un pueblo vanidoso. Sos noble. La vanidad daña cuando trabaja en una mente débil; y los nicas son fuertes de mente y de corazón. La desesperación hace que se pierdan los caminos de la razón, y os veo razonablemente ansiosos por mejorar. La verdad es el camino, no el destino. Caminar.
Justifico mi amor por Nicaragua: dos seres entrañables la amaban. Y sé que con vuestras raíces, la fuerza en el alma, y la esperanza en el corazón, se realizarán vuestros sueños.
Querida, queridísima Nicaragua. ¡Te quiero demasiado, nunca lo olvidés!
No bajés la guardia. Estás auspiciada por el sol que cada mañana se abre a la vida. Y confabulada con la bandera blanca de pureza, y azul de inmensidad de tus océanos. Tu reto en el resurgir son tus valores impulsores. Tu esfuerzo y las metas del Presidente os harán triunfar.
¡Limpiad el Lago de Managua por favor! Mancilla su aspecto. Y limpiad el país de crápulas que utilizan corrupción y mentira. Mejorar es compartir: y yo he descubierto vuestro empirismo.
Os recuerdo desde España mis “nicas”: el sonido de la marimba con Carlos Mejía Godoy y sus añoranzas… ¡Ya sabés Carlos! ¡Me debés una visita a Jerez y una actuación! Su efusividad sobre el almareo que la esquivez del cuerpo chúcaro de la mujer produce en el hombre. Y el colofón: “¡Nicaragüita! Sos más dulcita que la mielita del tamagás. Pero ahora que ya sos libre Nicaragüita yo te quiero mucho más…”. Un eco de sonidos me grita ausencias sentidas. Cómo el saludo de la lapa que cada mañana me gritaba un ¡hola! remolón. ¡Cuántas alegrías compartidas quisiera repetir… ¿Habrá un mañana?
Don Enrique dijo al despedir su discurso: ¡Dios os bendiga a todos!
Yo os digo: ¡Gracias por ser como sos Nicaragua!
La autora es periodista española de Jerez de la Frontera.