¿Qué pasa, Matagalpa?

Mireya [email protected]

Recuerdo el pintoresco y bellísimo pueblito de Matagalpa de los años 50, lo frío de su clima, lo limpio, la bondad, honestidad y generosidad de sus habitantes. Era un pueblito con carácter, aunque sin la tecnología y planeamiento de una ciudad.

Actualmente Matagalpa es como un gran establo. Muchas personas hacen sus necesidades fisiológicas en las calles. Cuando vi a una persona orinándose en el muro del Club Social me acerqué y le dije que ya el territorio no se marcaba en la ciudad, que se fuera al campo. Me miró con odio y me dijo: “y que acaso la calle es tuya…”, me tuve que retirar porque le tuve miedo.

Personas con problemas mentales circulan por las calles desnudas, sin embargo no hay un sanatorio o asilo para ellas. En varias ocasiones han agredido a otras personas.

El Hospital es fétido, se desconoce la higiene, huele a orina y sus pisos son sucios. La sangre está regada en el piso y en las paredes de los baños de la sala de maternidad de sala general. Cuando tengo que ir a visitar a alguien en pensionado debo llevarme un pañuelo con perfume para poder cruzar los corredores.

Pero nadie protesta. Me pregunto ¿qué pasó con el Hospital San Vicente de los años 50 que lo manejaban las monjitas Josefinas y en el que se hubiera podido comer en el piso?

Los piojos, creí que habían desaparecido (como desaparecieron las luciérnagas por el despale) pero no es así. Si los piojos se vendieran seríamos millonarios.

Las calles son sucias y llenas de hoyos, las aceras están en mal estado y es común que las personas se lastimen. ¿Qué pasa Matagalpa?

Tenemos un mercado que es un peligro ir a comprar, el de Guanuca. Mandé a mi empleada a comprar una sandía y estaba totalmente seca por dentro. Pero acostumbrada a hacer valer mis derechos fui a pedir que me la cambiaran, y cuál fue mi susto al ver acercarse a cinco mujeres con delantales, una de ellas con un puñal. Pensé de inmediato que no valía la pena perder la vida por una sandía.

¿Y la Policía? Lo primero que dicen es que no hay gasolina para llegar, seguridad ciudadana no existe, es más probable que bajen los santos del cielo antes que lleguen los policías.

Una persona está tirada en la calle por cualquier motivo, borracha, desmayada, violada, a nadie le importa, somos indolentes. Yo, mujer matagalpina, suplico a los líderes y autoridades de esta ciudad dormida que nos ayuden, por favor.

Si queremos turismo tenemos que cambiar muchas cosas. ¿Qué van a venir ver aquí? ¿El panorama que acabo de relatar? ¡Por Dios! ¡Despertemos a la realidad!

La autora es matagalpina, consultora de belleza.  

Editorial
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