Francisco J. Mayorga
El doctor Oscar Herdocia Lacayo explicó con sólidos argumentos la injusticia de la que he sido víctima y puso en la palestra pública dos temas importantes: las quiebras bancarias y la administración de justicia.
La Presidencia de la República, distanciándose de la opinión del jurista, reafirmó su preocupación sobre las dolorosas pérdidas causadas al país por las quiebras bancarias. El fiscal Julio Centeno reiteró su disposición a continuar persiguiéndome, sin prestar atención a los argumentos del doctor Herdocia. El Superintendente de Bancos nuevamente se ha rasgado las vestiduras, y una vez más se ha proclamado por encima del bien y del mal. Sin embargo, ninguno de ellos ha entrado a discutir la esencia de los argumentos y la médula del análisis jurídico del doctor Herdocia, quien de manera clara y serena ha escrito lo siguiente:
“Ofende aún más el espíritu de justicia el que luego de su absolución se trate de procesarlo por supuestos nuevos delitos apoyados en los mismos hechos, contrario al principio jurídico consignado en nuestra Constitución de que ‘Nadie puede ser juzgado dos veces por los mismos hechos’… elevo mi voz ante este pueblo que merece redención para manifestar con argumentos mi protesta por la injusticia que afecta al doctor Francisco J. Mayorga. Frente a su absolución no permite nuestro derecho nuevo proceso fundado en los mismos hechos…”
La opinión pública tiene razón de estar indignada por las millonarias pérdidas bancarias. Cambiar café por cascarillas, autorizar préstamos fantasmas, emitir cobranzas ilegales o usurpar los fondos de un banco en el exterior, son hechos que deben ser perseguidos judicialmente, para encontrar a los culpables.
Pero todo proceso judicial debe ser diáfano y transparente para castigar a los culpables y absolver a los inocentes. Una cacería de brujas sería una injusticia, como también un proceso que diga que no hay culpables, o peor aún, uno que se dedicara a sacrificar chivos expiatorios. En las quiebras bancarias habrá culpables y habrá inocentes. Yo ya fui declarado inocente.
También hay que recordar que las pérdidas bancarias no son todas necesariamente el producto de actos fraudulentos. La caída del precio del café ha provocado una crisis que ha afectado a varios bancos. En el caso del Bancafé, el huracán Mitch también tuvo un impacto negativo sobre las recuperaciones. Es decir, existen factores que van más allá de las personas. Y es verdad que la gestión bancaria puede fallar, como también ha fallado la Superintendencia, que tras cascarillas y préstamos fantasmas se ha disculpado simplemente diciendo: “Nos engañaron”.
Las liquidaciones mismas implican costos enormes: desmantelar bancos, entregar préstamos a descuento, pagar jugosas comisiones a oficinas de cobranza, vender valiosos activos a precio de guate mojado, todo ello va a la cuenta de las pérdidas. Los millonarios honorarios de los liquidadores, que han sido objeto de confrontaciones públicas entre el Banco Central y la Superintendencia, también entran en la costosa factura de las liquidaciones.
Pero, después de un año de intervención, al momento de liquidar el Bancafé, el Superintendente nunca dijo haber encontrado préstamos fantasmas ni gavetas con cheques ni transferencias ilegales. El Superintendente remitió al fiscal una lista de créditos relacionados, presuntamente irregulares, para que fueran investigados. Después de una investigación policial, se nos acusó de estafa y defraudación con varios créditos de esa lista, y varios directores fuimos llevados al banquillo de los acusados. Un jurado de conciencia conoció el burdo montaje de los acusadores: actas mutiladas, documentos falsos y expedientes crediticios cercenados. Se dieron cuenta de que estaban ante retorcidas fabricaciones. Fuimos declarados inocentes. (Omar González fue sentenciado culpable pero estaba indefenso: su defensor no pudo estar presente en el juicio, por lo cual deberá tener una segunda oportunidad para demostrar su inocencia).
Sin embargo, usando otros créditos de la misma lista del Superintendente (¡varios de los cuales ya están cancelados!), se nos vuelve a perseguir por la misma causa, los mismos hechos y los mismos delitos. Es como si un sospechoso de robar diez vacas fuera acusado por una vaca, primero, por otra, después, y así, en la búsqueda inclemente de jurados sucesivos que lo condenen uno tras otro.
Todo ello es ilegal e injusto. Ya fui declarado inocente pero sigo en la cárcel, esperando un nuevo juicio por los mismos hechos. No temo a ser juzgado de nuevo porque soy inocente. Pero no es legal ni es justo que siendo inocente se me mantenga en prisión y se me siga persiguiendo.
Espero que el análisis del doctor Herdocia Lacayo haga reflexionar al Gobierno, al Poder Judicial y a la sociedad civil, y que los justos hagan lo que su conciencia les dicte para abonar a la causa de mi libertad, que es la causa de la justicia.
El autor es ex presidente de Bancafé. Guarda prisión en Cárcel Modelo de Tipitapa.