Oportunidad que no se debe desaprovechar

Róger Fischer

Los aires navideños traen algo más que esperanza a Nicaragua. Hay tiempos difíciles y momentos distintos. La hoguera de la guerra y del odio en nuestro país ya no se refleja en las páginas de los medios internacionales ni en las crónicas locales. Ya no se atiza el rencor ni las luchas fratricidas. Nicaragua vive una etapa diferente, hoy hacemos honor a la letra de nuestro Himno Nacional cuando dice: “… ya no ruge la voz del cañón, ni se tiñe con sangre de hermanos tu glorioso pendón bicolor”.

La Nicaragua de hoy tiene la oportunidad de consolidar su democracia, de cambiar para siempre su trágica vocación guerrera. El destino ha puesto en nuestras manos una oportunidad magnífica, que no podemos desaprovechar. La historia de nuestra Patria está llena de oportunidades y fracasos.

Desde 1979 con la caída de los Somoza, nuestro país tuvo la oportunidad de convertirse en un país democrático y salir adelante con una revolución apoyada por las grandes potencias y la simpatía de los pueblos del mundo.

Pudo más el revanchismo, la inmadurez, la prepotencia y la violencia que el gesto hermoso y fraterno de abrazarnos y construir entre todos un país mejor.

Fueron miles de millones de dólares los que Nicaragua recibió entonces, y, sin embargo, la falta de visión y patriotismo, nos arrastró a una nueva guerra y a la destrucción de nuestra economía e infraestructura, al exilio y a la separación de las familias.

Con el advenimiento del gobierno de doña Violeta, brillaron los rayos de esperanza y la oportunidad llegó de nuevo, nuevas donaciones, nuevos préstamos blandos, nuevas negociaciones para nuestra deuda externa se hicieron, pero la espina de la violencia siempre hirió nuestra frágil democracia y mantuvo en vilo a la sociedad nicaragüense. Si bien es cierto que los fusiles callaron, las heridas eran demasiado profundas para cicatrizar y ofrecer un mejor país.

Con el triunfo del Dr. Alemán se avanzó en infraestructura, salud, educación, agua potable, energía y comunicaciones, pero el fantasma de la violencia siempre estuvo presente y la terquedad partidaria pudo muchas veces más que el amor a la Patria.

Tres elecciones libres y democráticas nos han llevado a un momento en que ya no se exige con la violencia la cuota de poder. Parece que el fervor por Nicaragua hoy sí es el motivo principal de los políticos, y hay en el ambiente una sensación de sinceridad y confianza, en un deseo común de trabajar unidos por el bienestar general.

En esta ocasión tenemos a la cabeza del gobierno a un hombre honesto, cuya sola figura transmite confianza y respeto. No sólo en Nicaragua hay este ambiente, sino que Centroamérica entera está regocijada con el triunfo de Nicaragua, que es un triunfo para todos los centroamericanos.

Hay confianza en las instituciones internacionales, hay voluntad y disposición de cooperar con el gobierno de Enrique Bolaños. La oportunidad de oro para Nicaragua está dada. La imagen de nuestro país es diferente, y su proyección actual, no sólo es la de un país que se encauza democráticamente, sino también la de un Estado que a través de la modernidad y la tecnología, resurgirá de sus cenizas y se convertirá en una República confiable y con valores sólidos.

Los 100 primeros días de Bolaños serán muy importantes. Personalmente tengo fe en el respaldo que el Partido Liberal dará a su propio gobierno, como nicaragüense anhelo que el sandinismo proceda con altura y patriotismo y su política esté orientada al crecimiento económico y social de los nicaragüenses. Espero que su discurso sea diferente, y que la violencia se convierta en una actitud serena y consecuente.

Habrá piedras en el camino, surgirán ofuscados y agitadores, pero sobre ellos debe estar nuestra madurez y el apoyo decidido a una Nicaragua mejor. Éste es el momento de crecer y fortalecernos a través de la inversión, generando empleos y bienestar. Ésta es la oportunidad de vivir en democracia, en paz y en armonía. Éste es un buen momento para todos, porque todos somos Nicaragua.

El autor es funcionario del Instituto Nicaragüense de Cultura.  

Editorial
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