Cuento real de Navidad

Douglas Carcachedouglas.carcache laprensani.com

BARCELONA.— mientras los niños catalanes abren regalos, los recuerdos tristes de la época franquista se cuelan todavía en las conversaciones de los adultos en la noche de Navidad.

Troncos de árboles, con un rostro pintado en un extremo y cubiertos por una manta, “aguantan” los reclamos de los pequeños catalanes que piden turrones, galletas y regalos.

Es el juego navideño del “cagatío”, y hasta 1975 estuvo prohibido en Cataluña, la única región de España donde es tradicional y hasta más importante que Santa Klaus.

“Caga tío, caga neules y turrons, y si no cagues bé et donaré un cop de bastó”, gritan los niños en lengua catalana mientras aporrean el tronco con un palo liviano y los padres, a escondidas, deslizan juguetes y turrones bajo la manta.

Es una costumbre antigua, pero durante cuarenta navidades el juego del “cagatío” sólo pudo ser una ceremonia clandestina porque, igual que el idioma catalán, había sido prohibido por el dictador Francisco Franco.

“La gente en los pueblos cerraba las puertas de su casa en Navidad, para que los niños se divirtieran, porque hacerlo en público era penado”, recuerda Ramón Palomeras, quien vive en la ciudad de Figueres y es especialista en filología catalana.

Han pasado 26 años desde la muerte de Franco, la que propició la transición a la democracia, pero los intelectuales catalanes consideran que su lengua todavía está en “reconstrucción social”, porque el período de prohibiciones la debilitó mucho, dice Jaume Sobreques, director del Museo de Historia de Cataluña.

Entre los inmigrantes se comenta que las autoridades catalanas exigen mucha integración cultural, comenzando por el uso del idioma local en algunos trabajos y escuelas.

“El catalán no es una lengua sólo para contar historias por la noche, debe ser usada sin límites”, replica el presidente del Parlamento de Cataluña, Joan Rigol. Reconoce que hay un marcado nacionalismo, pero lo define como “cultural, más abierto a Europa y con mucho arte”.

Las primeras elecciones democráticas en España, tras desaparecer Franco, se realizaron en 1977, y en 1979 aprobaron el Estatuto de Autonomía de Cataluña, oficializando el uso del catalán en toda esta región fronteriza con Francia, donde algunas poblaciones también lo hablan.

Sin embargo, las exigencias de reconocimiento continúan y ahora las plantean a nivel de la Unión Europea. “¿Por qué no ponemos a nivel de Estado la pluralidad de las lenguas?”, se pregunta el diputado de la izquierda catalana Rafael Ribó, para quien el catalán debería ser un idioma oficial en esa federación.

¿Será demasiada exigencia? Quizá, pero creo que esa identidad catalana, que tanto les ha costado preservar, ha sido clave para el desarrollo económico de su región, porque cada día vienen más turistas, algunos reincidiendo, interesados en esa distinción social y cultural.  

Editorial
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