Ana María Ch. de Holmann*
De mi abuela materna isabel recibí esa primera señal cuando recién comenzamos a formar nuestra familia, nos trajo un Nacimiento, ese símbolo vivo de la familia: el nacimiento de Dios hecho hombre a través de la familia: la sagrada familia.
El nacimiento es el símbolo vivo de la Redención, sobre todo en esta época debemos ponerlo en el mejor lugar de nuestra casa, para enseñarle a nuestros hijos del Dios Niño que vino a salvarnos, recuerden, la familia es la primera escuela de la Fe.
El corazón de nuestro divino Maestro no conoce otra ley que la de la dulzura, de la humildad y del amor… La alegría no está en la riqueza ni en el poder; con el buen uso de estos dos medios se podrá hacer felices a muchas gentes así como también dejar en la desgracia a muchos, a todo un pueblo. La alegría del cristiano está en mostrar su esperanza en las promesas del Señor.
Un ateo decía: “Creeré cuando vea alegría en el rostro del cristiano”. El amor hecho hombre es la alegría de la humanidad: Él, desde el pesebre por cuna hizo nacer la humildad, la pobreza, la mansedumbre, el perdón y la comprensión en cada uno de nosotros para así hacer nacer una nueva esperanza, hacer nacer un nuevo mundo, una nación nueva con una sociedad nueva: Navidad es nacer en la Paz y en el Amor.
Tengamos un pesebre en nuestro corazón para que día a día esta paz y este amor nazcan en cada uno de nosotros para entrelazarnos para siempre en un abrazo fraterno y solidario de amor y de paz.
¡Bienaventurados los que llevan la alegría a los tristes! ¡Bienaventurados los mansos y humildes de corazón!