- […] los conservadores tienen que estar conscientes de dos cosas: primero, que no pueden ganar la Presidencia de la República en estas elecciones, y segundo, que tienen el suficiente número de votos para asegurar el triunfo del candidato que puede garantizar la paz, la libertad y la democracia …
Jorge Salaverry [email protected]
A una vasta mayoría de nicaragüenses —incluyendo
liberales, sandinistas, conservadores, y a gente sin partido—, nos hubiera gustado que el presidente Alemán al final de su mandato quedara fuera de las estructuras reales de poder y relegado a una distante e irrelevante diputación parlacénica en la capital chapina. Pero no será así, porque, recordemos, que Daniel Ortega y él se pusieron de acuerdo para reformar la Constitución y privarnos de ese gusto, y para que el mismo día que entregue la banda presidencial, Alemán pase a ocupar un cargo de diputado en la poderosa e influyente Asamblea Nacional aquí en Managua.
Sólo queda por conocer, entonces, quién será el próximo Presidente de la República. De momento sólo tenemos certeza de que ese cargo lo ocupará, o el candidato del Partido Liberal, don Enrique Bolaños, o el candidato del Frente Sandinista, señor Daniel Ortega. El empate en las encuestas así lo sugiere: uno de los dos será nuestro próximo presidente. Y vaya que sí hay una gran diferencia entre ambos: el primero representa y encarna los valores de la democracia, de la libertad y de la vida civilizada. El segundo representa todo lo contrario; lo demostró en la década de los ochenta, cuando siendo Presidente de la República, hundió la economía nacional y sumergió al país en una cruenta guerra fratricida.
Pero repito: si bien no conocemos todavía quién será nuestro presidente, sí sabemos entre quiénes es la competencia, ya que don Alberto Saborío ¯candidato del Partido Conservador y hombre de indiscutibles credenciales democráticas¯, no tiene ningún chance de alcanzar la Presidencia. Su intención de voto es de tan sólo un 5 por ciento. A pesar de eso, muchos conservadores insisten en votar por él, y lo hacen, en gran parte, por el temor que tienen de que su partido desaparezca si no alcanza al menos el 4 por ciento de los votos válidos en la elección de presidente y vicepresidente. La lealtad y cariño que le tienen a su partido es encomiable y comprensible.
Sin embargo, conviene que los conservadores sepan que ese temor es totalmente infundado, ya que si el PC alcanzara al menos el 4 por ciento de los votos en las elecciones de diputados, no perdería su personalidad jurídica. Así está garantizado en la Constitución de la República ¯ley suprema de la nación¯ pero, para que no quede duda alguna, sería bueno que el Consejo Supremo Electoral lo aclare de una vez por todas, tal como lo sugirió el diario LA PRENSA en su opinión editorial del 4 de septiembre de este año.
Permítanme decirlo claramente: si don Enrique Bolaños pierde las elecciones que se avecinan, la culpa no sería de los conservadores, sino, exclusivamente, de Arnoldo Alemán y de su camarilla, pero, habiendo dicho eso, debo decir también que los conservadores tienen que estar conscientes de dos cosas: primero, que no pueden ganar la Presidencia de la República en estas elecciones, y segundo, que tienen el suficiente número de votos para asegurar el triunfo del candidato que puede garantizar la paz, la libertad y la democracia en nuestro país, y ese, de acuerdo a las opciones con probabilidades de triunfo, no es otro más que Enrique Bolaños. Puesto de otra manera: si se transfiere hacia Enrique Bolaños ese 5 por ciento de intención de voto que tiene el Partido Conservador, y Bolaños gana por un margen igual, todos los demócratas de Nicaragua quedaríamos con una enorme deuda de gratitud hacia ese partido.
Pero tampoco se trata de que sólo los conservadores aporten al triunfo de la democracia. Los liberales también pueden hacerlo votando por los candidatos a diputados conservadores. Si ambos deciden cooperar, se lograría una Asamblea Nacional más pluralista y menos sometida a la voluntad arbitraria de Ortega y de Alemán; se evitaría que el Poder Ejecutivo quedara en manos de Daniel Ortega, y se conseguiría que el Partido Conservador preserve su personalidad jurídica.
El mecanismo para alcanzar todo lo anterior es el voto cruzado. Mucha gente no sabe lo que es porque nadie le ha dicho en qué consiste, por qué conviene, y cómo lograrlo. Pero es algo sencillo, y si se explica con claridad a través de una campaña publicitaria, la gente ¯que no es tonta, como algunos creen¯, comprenderá su valor y sabrá cómo ponerlo en práctica por su propio bien y el de Nicaragua. Aún queda tiempo para hacer esa necesaria campaña. Si usted no la cree necesaria, lo invito a pensar en la alternativa.
El autor es miembro del Consejo Editorial de La Prensa y catedrático de la UTM.