En el discurso que pronunció la noche del jueves de la semana pasada ante el Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica, el presidente George W. Bush, expresó de manera categórica la decisión de su país de combatir sin descanso al terrorismo internacional, y de vencerlo, en cualquier parte del mundo donde se encuentre. Esa noche, cuando el presidente Bush dijo que “cada nación, en toda región tiene ahora que tomar una decisión: O está con nosotros o con el terrorismo”, quedó también definida la nueva política exterior estadounidense.
El pronunciamiento del presidente Bush se produjo en medio de informaciones periodísticas acerca de las controversias que hay dentro del gobierno norteamericano sobre qué acciones se deben ejecutar –y cuándo y cómo hacerlo- para combatir y erradicar al terrorismo internacional. En esto último prácticamente todos los miembros del gobierno norteamericano están totalmente de acuerdo. Las diferencias son en cuanto a la naturaleza de las acciones de castigo al terrorismo internacional, particularmente a Ossama Bin Laden y sus secuaces de la organización Al Qaeda, que son los presuntos responsables directos de la espantosa destrucción y masacre del martes 11 de septiembre en Nueva York y Washington D.C.
Con su discurso del jueves pasado ante el Congreso de Estados Unidos el presidente Bush impresionó a los estadounidenses y a centenares de millones de personas en todas partes del mundo, fundamentalmente por su dramático llamado a defender la libertad y los demás valores que sustentan la sociedad estadounidense. Según la televisión alemana internacional, Deutsche Welle, a partir de esa noche el señor George W. Bush no es sólo el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, sino también el líder de la nación norteamericana.
Pero también el liderazgo internacional de Estados Unidos está ahora más fortalecido que nunca. Está claro, en realidad, que uno de los principales efectos políticos de los atentados terroristas del 11 de septiembre es el fortalecimiento del liderazgo mundial de los Estados Unidos de Norteamérica, que ahora es también moral y no sólo militar, económico y científico-técnico. La guerra que Estados Unidos ha declarado contra el terrorismo internacional y los gobiernos que apoyan, protegen y simpatizan con los terroristas, cuenta con el respaldo de prácticamente todo el mundo. Y esto incluye a la mayor parte de las naciones islámicas, porque no es cierto que el terrorismo tenga una motivación religiosa y por el cuidado que ha tenido el gobierno norteamericano, para no caer en la trampa de culpar a todos los musulmanes por los miles de muertos y la inmensa destrucción material que causaron los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono de Washington D.C.
Prácticamente todos los países del mundo apoyan a Estados Unidos, pero no por lo que ha dicho el presidente Bush de que quien no está con ellos está con los terroristas, sino porque el terrorismo es un crimen monstruoso, de lesa humanidad, que afecta y perjudica a todas las personas y pueblos del mundo, que lastima los sentimientos humanos y que atenta contra la esencia de la libertad y las bases de la democracia. Esto es lo que involucra a todos los países en la lucha contra el terrorismo internacional, una guerra que no es entre culturas como erróneamente se pretende hacer creer, sino de la incultura contra la cultura, de la barbarie contra la civilización, de totalitarismo contra la democracia, de la intolerancia contra la libertad.
Por eso es que Nicaragua también ha asumido un firme compromiso de apoyo a la lucha contra el terrorismo internacional, aunque algunos nicaragüenses pretendan justificar de hecho los ataques terroristas en Nueva York y Washington, D.C., al decir que Estados Unidos lo tiene merecido por el apoyo que le dio a la Contra y a las fuerzas democráticas cívicas que lucharon contra el régimen del FSLN en los años ochenta.