El miércoles 19 de septiembre el presidente de Costa Rica, don Miguel Ángel Rodríguez, acusó a la prensa y a los periodistas nicaragüenses de inventar y atizar el conflicto entre Costa Rica y Nicaragua. Un conflicto que como lo sabe todo el mundo, y el mandatario tico en primer lugar, se originó a mediados del siglo XIX y se mantiene hasta ahora sólo por la pretensión de los gobernantes costarricenses de ejercer derechos de explotación comercial y navegación armada sobre el río San Juan.
La agresión verbal del presidente de Costa Rica contra los periodistas nicaragüenses ocurrió en la Escuela Zamorano de Honduras, donde los gobernantes centroamericanos se reunieron para aprobar una declaración contra el terrorismo, en solidaridad con Estados Unidos por el sangriento atentado contra Nueva York y Washington del martes 11 de septiembre.
Rodríguez perdió los estribos cuando un periodista de LA PRENSA le preguntó que si había conversado con el Presidente de Nicaragua acerca de los preparativos del gobierno de Costa Rica para presentar su demanda de derechos sobre el Río San Juan ante la Corte Internacional de Justicia. “Ustedes, todos los periodistas de Nicaragua, quieren armar un conflicto donde no hay conflicto. ¡Y eso es un crimen contra Centroamérica!”, espetó el presidente Rodríguez, y agregó: “Dejen de crear pleitos, ustedes periodistas de Nicaragua, dejen de crear conflicto, no creen enemistad”.
Lamentamos que el presidente tico tenga esa opinión de los periodistas y la prensa de Nicaragua, si es que realmente la tiene y no es una estratagema para evadir su obligación de hablar sobre un tema que es de gran importancia e interés para nicaragüenses y costarricenses. Pero también rechazamos enérgicamente las imputaciones del presidente Rodríguez contra el periodismo nicaragüense, y particularmente contra LA PRENSA que ha mantenido una actitud de ejemplar prudencia y responsabilidad ante el conflicto fronterizo entre Costa Rica y Nicaragua. Una actitud que deviene de nuestra obligación profesional de informar verazmente, sin censura ni autocensura, y que se corresponde con nuestra convicción de que el conflicto entre Nicaragua y Costa Rica no es causado por los pueblos, y mucho menos por los periodistas, sino que tiene raíces históricas y es alentado por los gobernantes costarricenses que nunca han ocultado su pretensión de ejercer derechos de soberanía sobre el río San Juan.
Es cierto que en Nicaragua, igual que en Costa Rica, hay medios de información y periodistas que sobredimensionan el conflicto entre los dos países y que fomentan la enemistad entre sus pueblos. Pero también en los dos países hay medios de prensa y periodistas que informamos sobre el conflicto en forma veraz y balanceada, que pedimos cordura a los gobernantes y que abogamos por el fortalecimiento de la amistad y la cooperación de interés recíproco entre los dos pueblos hermanos.
Resulta ridículo, en verdad, por decir lo menos, que se impute a los periodistas nicaragüenses ese “crimen contra Centroamérica”, como calificó el presidente costarricense al conflicto por el río San Juan. Éste es un conflicto tan antiguo como la historia independiente de Nicaragua y Costa Rica, y debió quedar resuelto desde 1858 cuando se suscribió el Tratado Jerez-Cañas, o en 1888, cuando fue dictado el Laudo de Cleveland, pero todavía sigue envenenando las relaciones entre las dos naciones por la pretensión de Costa Rica de ejercer sobre el Río San Juan derechos que no le corresponden y que no están comprendidos en los instrumentos jurídicos antes mencionados.
Pero el Presidente de Costa Rica, Miguel Ángel Rodríguez, también dijo algunas verdades en su perorata agresiva contra la prensa y los periodistas nicaragüenses. Dijo, por ejemplo, que los pueblos de los dos países son hermanos que se necesitan mutuamente y que Costa Rica le da trabajo a muchos nicaragüenses, inclusive él —el presidente Rodríguez—, que tiene en su casa a dos empleados nicaragüenses.
Sólo que el presidente Rodríguez omitió decir que es trabajo y no caridad lo que obtienen los emigrantes nicaragüenses en Costa Rica, y que así como tienen la posibilidad de enviar recursos a sus familiares en Nicaragua, también contribuyen sustancialmente a la creación de la riqueza y el desarrollo del que justamente se enorgullecen los costarricenses.