Lolita y el secreto de la educación

César Anzoátegui

La conocí cuando ella estaba plena de juventud, en esa incomparable primavera. Era su palabra tan acariciadora, como las perlas del rocío mañanero que al despuntar la aurora se posan acariciadoramente sobre los pétalos perfumados de las flores.

Era verbo encendido su palabra que reía, cantaba y enamoraba, cuando como maestra sembraba en sus alumnos la simiente fecunda del saber, para que germinara en los surcos abiertos y profundos de la inteligencia, la dorada espiga de sus ilusiones, en esa quinta esencia en que ella juntaba sabiduría, esfuerzos, sacrificios, entusiasmo y ternura, para formar en el discípulo un espíritu con los ideales a la conquista de sus propias aspiraciones. Educaba deleitando a los infantes, siempre con una acariciadora sonrisa; su orientación era una corriente de sangre purificadora para darle vida al pensamiento. Educar la inteligencia es ampliar los horizontes de sus deseos y necesidades, ya que cuando hay educación, no hay distinción de clases sociales. El secreto de la educación está en el respeto de la maestra a sus educandos, que vaya dirigida a completar la educación que reciben en el hogar, y no a sustituirla; es el horizonte ambicionado donde se juntan cielo y tierra. Una buena maestra es una gran bendición de Dios.

Lolita creó el Instituto de Cultura Hispánico, Ateneo Centroamericano, que fue un centro de actividades artísticas y culturales de alta significación, en la más polifacética expresión del espíritu.

Renombrados pintores y escultores exponían en sus amplios salones sus mejores obras, entre los que recuerdo a Rodrigo Peñalba, Edith Gron, Omar de León, Vergara Ahumada, Saravia, Calvo Carrión y muchos otros que se me escapan del recuerdo, y artistas y músicos admirables como Agustín Lara, Carlos Montezuma, Pedro Infante, Eva Garza; y poetas de renombre como la incomparable Berta Singerman, Maritza Alonso, Osolda Betina, Mauricio Sol y Tedoro, Adán Corozaba, conjuntos artísticos como Los Churumbeles de España, el Coro de Guatemala, La Sonora Matancera, lo mismo que el expresidente de Guatemala, general Idígoras Fuentes.

En el Liceo Lola Soriano se daban clases de idiomas, declamación, canto y bailes folclóricos; ella tenía una magnífica discoteca de más de 1,500 grabaciones con música sinfónica, zarzuelas, óperas y operetas, como también música nicaragüense de nuestros mejores compositores. Su discoteca era la más variada y extensa que había en Managua. Fue la dama más pintada de Nicaragua, por los más afamados pintores de aquí y de allá. Se le entregaron numerosos reconocimientos como Madrina del Arte y la Cultura, confirmados muchos con medallas de oro nacionales y de otros países.

Hoy, al recordarla, deshojo la más perfumada rosa del jardín de mi corazón, con este profundo cariño que nos unió y que vivirá siempre a través de la distancia y del olvido. Su adiós sin retorno nos deja una intensa tristeza, y reproduzco mi último ovillejo que le dediqué en su último cumpleaños.

Vas perfumando las flores – Dolores

Y descifrando el Arcano – Soriano

Con la luz de algún lucero – Guerrero

Va perfumando la brisa

El clavel de su sonrisa

Con el corazón sincero

Lolita Soriano Guerrero.

El autor es escritor  

Editorial
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