Hugo Ramón García
Mucho se habla de vos, en estos días de septiembre, y no es una excepción que los aduladores con carácter demagógico hablen ilimitadamente de tus gestas gloriosas y de los muchos atractivos materiales que conforman tu fecunda geografía.
Se habla también de tus héroes nacionales que con probado patriotismo supieron defender tu integridad de República salvándote de la infame actitud de los filibusteros que quisieron manosear tu impecable soberanía. Está bien que de todo eso se hable; que exalten tus conquistas y que se valore lo que eres, porque por encima de toda apreciación eres la Nicaragua preferida; la Nación que encarnas ilusiones, y esperanzas, la Patria que nació para ser libre.
Que se hable de tus bellezas singulares; de tus hermosos paisajes que se alzan altivos sobre la naturaleza desnuda de tu creación. Ya todos los poetas de habla hispana, conjuntamente con los escritores de reconocido talento, te han expresado sus apasionados sentimientos, pues sos la Patria que en ti se encuentra la suficiente motivación para ofrecerte en estrofas de primavera lo que mereces y lo que te has sabido ganar, porque en tu historia rica de leyendas se suele apreciar tus grandezas que tienen en sí una sencilla explicación.
Impresiona ver cada catorce de septiembre los desfiles marciales dirigidos por guapas palillonas que cuales doncellas del Amor ponen a la vista de sus admiradores, las notas de encanto, muchas veces bajo las inclemencias del sol, y es necesario que se hable de todo lo bueno que tienes, pero también hay que señalar los males que padeces.
No puedo dejar “olvidadas” en el tintero de las anotaciones, las realidades que has venido viviendo y que son parte de tu tragedia en estos difíciles tiempos que nos presenta la historia en su reverso. Tengo que decirte como parte de esas mismas verdades, que si en el pasado hubo filibusteros que pretendieron empañar tu integridad, en el presente hay muchos Byron Cole, y William Walker, que manchan tu aureola. Se escudan por falta de justicia en tanta impunidad que les favorece y al “amparo” de ella, violan el espíritu de la ley, porque en tus mismas entrañas hace falta el Estado de Derecho para que muchos delincuentes de saco y corbata, y de finas colonias sean llevados al banquillo de los acusados, ya que la justicia dictada al modo de los tribunales, no es posible que solamente se la apliquen a los que empujados por el desempleo, y el hambre delinquen, mientras “otros funcionarios de etiqueta” que han sido sujetos de sanciones legales, se desplazan de un lugar a otro, usando vehículos del Estado y para las efemérides nacionales celebradas en tu honor, son los primeros en asistir a los actos de riguroso Protocolo, haciendo gala de un falso “patriotismo”.
Debo decirte Nicaragua, que en los espacios de tus calles hay suficientes piedras para que las tomen otros Andrés Castro, porque todavía hay en tu dimensión territorial filibusteros descendientes de Byron Cole, y William Walker, para arrojarlos de tu suelo y puedas recuperar tu status de Nación, y evocando a Darío, el Padre del Modernismo, poder decirte “que estás hecha de vigor y de gloria, estás hecha para la libertad”.
El autor de este artículo es periodista.