Abelardo Sánchez
Partieron de Cádiz, España, bajo el agradable clima del mes de mayo de 1501. En un viaje de varios meses se condujeron por las nuevas latitudes hasta los puntos de referencia que yacían como suyos: “Las Indias”, les decían, pero era un nuevo mundo: América.
Con una actitud aventurera continuaron sus travesías y descubrimientos en su nueva cruzada. Después de casi un año de haber partido, el clima de nuestra región, a veces despiadado, azotó a la tripulación de las tres carabelas. Las tormentas fueron la constante durante 88 días, haciendo mella en la moral y la fe de los viajeros, pero no lo suficiente para que desistieran de sus ambiciones.
Súbitamente, a la vuelta de la “esquina”, la tormenta amaina, el sol brilla nuevamente y la tripulación puede descansar por primera vez después de tantos días de tempestades. Tal fue la emoción del momento, que el inolvidable Almirante inmortalizó aquel instante en sus narrativas, dándole “Gracias a Dios” y bautizando aquel cabo de la misma manera. Era el 12 de septiembre de 1502 y por primera vez el descubridor tocaba el suelo nicaragüense.
Han transcurrido 499 años desde aquel momento, y siendo así, ¿por qué casi no se menciona esa fecha? A decir verdad, a los nicaragüenses nos debería servir como un punto de referencia particular entre lo que fuera nuestra historia precolombina, tres siglos de dominación colonial, la fundación de la República y la República moderna. En resumen, representa el final de muchos siglos de historia, y el comienzo de muchos otros. Pero, ¿por qué el 12 de septiembre no se destaca en nuestro calendario, especialmente cuando es una fecha relevante sólo para los nicaragüenses? Bueno, quizás tenga que ver con la educación, con las tradiciones, o con la simple omisión. Cualquiera que sea la respuesta a esa pregunta no justifica tal desestima, pues considero que, en mi modesta opinión, debería ser reconocida como una fecha importante.
No es la intención de estas líneas crear una polémica sobre las implicaciones positivas y negativas que trajo el descubrimiento y la conquista de Nicaragua y de América como un todo. Esas son cosas que yacen en el pasado y no podemos cambiar. Pero es innegable que de una u otra forma nuestra identidad fue modificada a partir de ese momento, y en gran medida hoy somos lo que somos como producto de estos 5 siglos de historia.
El mes de septiembre está adornado con las más memorables hazañas de nuestros Próceres, con los mejores ejemplos de civismo y patriotismo: el 15 se celebra nuestra independencia, ocurrida en 1821 después de tres siglos de dominación española y el 14 la gesta heroica de San Jacinto, ocurrida en 1856. Inclusive, el 12 de septiembre de 1856 se realizó el pacto de los partidos, donde por primera vez hubo una visión compartida con el objetivo de defender nuestro territorio de filibusteros y aprovechados. ¿No cabría también un lugar para conmemorar el descubrimiento?
Muy pocos somos aventureros. Menos todavía los que corremos riesgos y tratamos de dejar nuestra huella en la historia. Vaya entonces nuestro reconocimiento y respeto a la memoria de este arriesgado aventurero: Cristóbal Colón, en los 499 años de su llegada a Nicaragua, así como también un llamado de atención para que nosotros, los nicaragüenses tratemos de rescatar esta fecha e incluirla dentro de nuestro calendario conmemorativo, especialmente en el 2002, cuando completemos los 500 años.
El autor es ingeniero electrónico