La soberbia de Cordero

Freddy Potoy*[email protected]

Con los cambios que hizo el primer comisionado Edwin Cordero Ardila al no más asumir la jefatura de la Policía Nacional, y por la forma en que se expresó al ser entrevistado por el periodista de LA PRENSA Moisés Martínez, el fin de semana reciente, me dio la impresión de observar una copia, aunque un poco distorsionada, de la figura del presidente de la República Arnoldo Alemán: arrogante, imprudente y sobre todo soberbio, porque tiene el poder en sus manos y hace y deshace.

Tenía la impresión de que la Policía Nacional avanzaba por buen camino hacia la solidez institucional anteponiendo los principios que rigen a esta institución. Pero me sorprendió espantosamente cuando dijo que él trabajaría con gente de su confianza y que fueran leales. Esto fue como una bofetada en el rostro. Es decir, que los comisionados mayores Javier Palacios Alegría y Luis Enrique Rodríguez, pasaron a retiro porque generaban desconfianza y podrían ser desleales a las órdenes del primer comisionado Cordero. Esto significa que en ningún momento tomó en cuenta el profesionalismo y capacidad de trabajo de ambos cuadros.

Pero aquí hay algo interesante. El retiro de ambos todavía no era necesario. Es más, en una reunión en la que estuvieron Franco Montealegre, Eva Sacasa y el mismo Cordero, hicieron un “pacto” de que el comisionado mayor que no fuera promovido iba a retiro. Esto fue una barbaridad, porque los uniformados pactan entre ellos como cualquier partido político violentando a su gusto y antojo, la letra y el espíritu de la ley.

“Una persona debe trabajar con gente con quienes siente le van a responder, que van a trabajar y van a garantizar que las decisiones sean tomadas, aprobadas y ejecutadas de manera efectiva y con lealtad”, declaró Cordero el viernes pasado, día en que anunció los retiros de Javier Palacios, jefe de la Policía de Managua; y Luis Enrique Rodríguez, jefe de personal.

Analizando estas declaraciones de Cordero y con la experiencia de cubrir periodísticamente directa o indirectamente la Policía Nacional durante varios años, puedo decir que Javier Palacios Alegría, por ejemplo, respondía profesionalmente a su trabajo muchas veces más de lo que se le pedía, garantizaba el trabajo profesionalmente que le era encomendado de manera efectiva y leal, pero leal a la letra y el espíritu de la ley. Ese fue su delito frente a Cordero y el presidente Alemán.

“¡Yo no les entiendo a ustedes (los periodistas)! Había cinco candidatos, de esos, tres se podían quedar. De cinco posibilidades, entonces dos se tienen que ir, ¿cuál es el problema? Definitivamente, no sé cuál es el problema”, añadió.

Analicemos. ¿La Ley 228 de la Policía Nacional los mandaba a retiro obligatoriamente o el “pacto de los jefes policiales escogió a dos policías profesionales para echarlos de la institución porque incomodaban al poder?”.

Además, los medios de comunicación están obligados a informar de lo que hacen funcionarios públicos cuyo salario sale de los impuestos que pagan los contribuyentes. ¿O ya se olvidó primer comisionado Cordero de este punto?  

Editorial
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