El miércoles pasado los tres candidatos presidenciales (Enrique Bolaños, del PLC; Daniel Ortega, del FSLN, y Alberto Saborío, del Partido Conservador), se presentaron en un foro del INCAE en lo que pudo ser el preludio de un gran debate electoral previo a los comicios del 4 de noviembre.
Según las informaciones, la presentación de los candidatos presidenciales fue muy interesante, y al margen de lo que propusieron y prometieron, quedó en el ambiente la sensación de que también deberían debatir de cara a la nación para que todos los nicaragüenses y no sólo un grupo de empresarios puedan valorar los compromisos, capacidades y habilidades de quienes aspiran a gobernar el país a partir del próximo año.
Por cierto que algunas entidades cívicas están listas para organizar el debate entre los candidatos presidenciales, pero éstos o sus directores de campaña todavía no se ponen de acuerdo en aceptarlo, porque sus conveniencias estratégicas parecen ser más importantes que el interés del público y el fortalecimiento del contenido democrático de las elecciones, que siempre se logra con los debates previos a las votaciones.
En realidad, hay una inevitable contradicción entre las estrategias de las campañas electorales de los candidatos y sus partidos, con los intereses de la población. Por ejemplo, al candidato que encabeza las encuestas no le conviene debatir públicamente con los que van abajo, pues corre el riesgo de ceder puntos a los otros candidatos. Y, por el contrario, los que van abajo están sumamente interesados en debatir con el que va adelante, para aprovecharse de cualquier debilidad o error que cometa el adversario puntero.
Pero más importante que las conveniencias y los cálculos políticos de los candidatos es el interés de la población en contrastar en un debate público los compromisos, las habilidades y las capacidades de quienes solicitan el voto popular para subir al poder. Así como también es mucho más importante el fortalecimiento del sistema político democrático, que se logra con los debates públicos y libres, que son una manifestación genuina, significativa y ejemplar de la democracia.
En realidad, la democracia no se legitima sólo con el voto de los ciudadanos. Bajo los regímenes somocista y sandinista también se votaba, pero esto no hizo democráticas a ambas dictaduras. Lo que legitima a la democracia y donde en definitiva ésta se juega su validez, su eficacia y su futuro, es en el modo de formación de la voluntad política durante todo el proceso que precede a las elecciones. Y en ese proceso el ciudadano necesita que los partidos y los candidatos confronten directa y abiertamente sus respectivas posiciones, pues sólo así se podrá ejercer el derecho al voto con suficiente conocimiento de causa y de personas, después de ver a los candidatos en el ejercicio de la actividad esencial y definitoria de la democracia, que es el debate libre, abierto y pacífico de las ideas.
Por su propia definición, la democracia es el gobierno del pueblo. Sin embargo, quienes gobiernan realmente deben ser personas calificadas, honorables y reconocidas por los ciudadanos, no individuos desconocidos, flojos en la forma de discurrir y débiles en la capacidad de juicio. Y la única manera de distinguir las capacidades, talentos, habilidades y honestidad de los candidatos antes de votar por cualquiera de ellos, es tanto la información imparcial y veraz de los medios de comunicación como los debates interactivos a la vista de toda la nación.
Se dice que el sistema democrático vale por lo que sabe el pueblo que lo sustenta. Por lo tanto, la democracia no se apoya ni legitima en la ignorancia de la población. De manera que los candidatos que participarán en las próximas elecciones, inclusive el que “más tiene que perder” porque va adelante en las encuestas, deberían entender que más importante que las conveniencias estratégicas de sus campañas es el interés de los ciudadanos y el fortalecimiento de la democracia.
Las jefaturas de campaña de los tres candidatos presidenciales deberían ponerse de acuerdo cuanto antes en las formalidades de un debate electoral de cara a la nación, que sería mucho más provechoso que la exitosa presentación que tuvieron ante un grupo de empresarios privados, el miércoles de esta semana en el INCAE.