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La quiebra frecuente de bancos nicaragüenses en los últimos dos años, ha puesto al descubierto la falsedad de algunos mensajes publicitarios que, de hecho, han afectado a muchos ciudadanos que, al confiar en la información de los anuncios, invirtieron mal su dinero.
Un día antes que las autoridades mandaran a cerrar el Banco Nicaragüense (Banic), hace ocho días, éste había mandado a publicar su último anuncio a los diferentes medios de comunicación. Decía: “La solidez que resiste por años…”. La imagen: Una roca firme frente al oleaje del mar. La idea: Nada más sólido que el Banic.
Incluso, el anuncio apareció en periódicos y revistas el lunes 6 de agosto, cuando los clientes del Banic ya hacían filas para recuperar su dinero y se lamentaban, porque la roca se había desmoronado.
¿Cuántos nicaragüenses creyeron en ese anuncio en los últimos meses y guardaron su dinero en el Banic? Es difícil saberlo con precisión, pero entre los clientes también se oyeron reproches contra sí mismos por confiar demasiado en la institución.
También pesan mucho los antecedentes, porque una historia similar ha ocurrido con los bancos que quebraron antes. Proyectaron una imagen de crecimiento y fortaleza, mientras sus finanzas padecían de cáncer y cuando sus clientes menos lo imaginaron, murieron.
Esa publicidad, sin duda, carece de ética, porque los anuncios publicitarios son información y, por tanto, lo que allí se dice tiene que ser sometido a comprobación o basarse en datos reales. ¿A quién corresponde hacerlo? Para los medios de comunicación es difícil saber si lo que dice un anuncio es cierto o falso, porque los reciben elaborados desde la agencia de publicidad o del cliente, quienes compran un espacio específico.
Consulté con dos publicistas y ellos aseguran que tampoco pueden conocer toda la verdad de la institución o empresa a la que asesoran y le crean publicidad, porque las agencias publicitarias trabajan con la información que los clientes les brindan y se supone que les advierten de lo perjudicial que puede ser la mentira para sus empresas, con el tiempo.
¿Quién, entonces, puede prevenir esa falta de ética publicitaria que afecta a la sociedad en general, en áreas tan sensibles como la economía? En el caso de los bancos, sólo dos instituciones, los mismos bancos y la Superintendencia de Bancos (SIB) que es la que se encarga de supervisarlos y conoce bien sus cuentas.
La SIB está facultada para investigar, intervenir y hasta cerrar un banco cuando su bancarrota es inevitable, pero igual debe impedir que bancos en crisis hagan publicidad falsa y engañen así a los ciudadanos. De esa manera también se puede proteger a la población, según el propósito de las instituciones del Estado.