Democracia y publicidad electoral

José Antonio Poveda Salvatierra*

La democracia no se mide únicamente por la celebración de elecciones periódicas ni por la vigencia de ciertas leyes que garanticen el establecimiento de algunos Derechos Humanos fundamentales.

La democracia se mide, ante todo, por la existencia de libertades cívicas y por la predominancia de instituciones como los partidos políticos y los organismos intermedios de la sociedad civil, organizados con base en principios de pluralidad, democracia y justicia.Y, además, en el reconocimiento de las mayorías y las minorías.

El gobierno de las mayorías sólo adquiere legitimidad democrática estricta cuando reconoce y respeta los derechos y la participación de las minorías. Por ello, es prioritario que las instituciones y organizaciones políticas y sociales del país fomenten el respeto a las minorías, su reconocimiento e integración en las labores substantivas del gobierno.

El fomento de los valores democráticos se da en el seno de las organizaciones políticas y voluntarias no lucrativas, de promoción cívica y cultural, de la defensa de los Derechos Humanos, de protección ecológica, de desarrollo social y de autoayuda. Las organizaciones cívicas son el terreno fértil para el fomento de los valores de la democracia. Por ello, lo pertinente no es obstaculizar la creación de una densa red de organismos intermedios de la sociedad civil, sino buscar su fomento.

La vigencia de libertades individuales y colectivas, como el derecho a la libertad de asociación, de expresión, la igualdad, la justicia y otra serie de garantías individuales permiten conocer, asimismo, el grado de democratización alcanzado por una organización. Por ello, dentro de las instituciones y organizaciones del país se deben reconocer, ejercitar y garantizar la libertad de debatir las ideas, el derecho a la crítica y el respeto a la disidencia.

La libertad se fundamenta en el hecho de que la diversidad de fenómenos sociales y políticos, que a diario se producen, admiten diferentes lecturas, y en que la democracia implica el respeto y la convivencia pacífica con el adversario.

La homogenización de ideas e información es exactamente lo contrario a la pluralidad, la democracia y la diversidad de pensamientos. Con la apertura de los medios hacia las posturas disidentes, las campañas políticas de todos los partidos y los planteamientos de organizaciones civiles, se contribuye a institucionalizar patrones de conducta política más civilizados y se hace que las opciones en el mercado electoral puedan realmente ofrecerse a la ciudadanía.

Se requiere que los medios informen con veracidad sobre los asuntos del Estado y la nación, y que éstos se transformen en verdaderos pivotes del cambio y de la consolidación democrática. A nivel de relación Estado-medios, se necesita garantizar la libertad de información y eliminar la censura y los favoritismos. En pocas palabras, se necesita independizar y democratizar a los medios.

A través de los medios electrónicos se puede contribuir a crear una cultura de la tolerancia, del debate, la pluralidad y la participación, aunque también pueden incidir en el establecimiento de un régimen político autoritario, ya sea a través de la manipulación de la información y el fomento de políticas intolerantes entre la población.

Con el debate político de los líderes partidistas, de las organizaciones intermedias de la sociedad civil y de académicos, intelectuales, público en general, sobre propuestas programáticas, soluciones a los problemas colectivos y reflexiones sobre las opciones más idóneas para el desarrollo nacional, se puede proyectar sobre el público la gran riqueza y diversidad de ideas, acercar a los ciudadanos al proceso político y fomentar una cultura del diálogo, la crítica y el debate.

En las democracias occidentales, los medios electrónicos son actores centrales de la convivencia cívica, ya que cumplen funciones como instrumentos masivos de información verídica, como difusores de prácticas y valores democráticos.

* Vicedecano de la Facultad de Derecho UNAN-León  

Editorial
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