Don Enrique y Daniel Ortega

María José Zamora

Inicialmente, esta opinión se la iba a enviar sólo al Sr. Fabián Medina, pero después pensé que si él tiene el derecho de escribir sus “comentarios” en su columna semanal (“En Letra pequeña”), igual derecho tengo yo de escribir los míos, aunque no tenga ninguna columna.

¡Es admirable la libertad de expresión que existe actualmente en nuestro país! Es tanta la libertad, que prácticamente cualquier cosa que se nos ocurra escribir “al peso de la lengua”, se publica. Por lo tanto, en esta ocasión yo también voy a hacer uso de esa maravillosa libertad.

El artículo del Sr. Medina al cual quiero referirme es el titulado: “Negro Porvenir”, publicado el jueves 2 de agosto de 2001 en LA PRENSA. En dicho artículo el Sr. Medina, a través de una serie de preguntas comparativas, “nos hace el favor” a todos sus lectores y lectoras, de “abrirnos los ojos” para que no nos hagamos ilusiones de un mejor futuro ni nos creemos falsas expectativas sobre los candidatos, porque a fin de cuentas, después de tan exhaustivo análisis comparativo, resulta que el Ing. Enrique Bolaños y el Sr. Daniel Ortega ¡son como dos gotas de agua!

Para evitar malas interpretaciones, me gustaría aclararle al Sr. Medina que no soy amiga ni de don Enrique Bolaños ni de Daniel Ortega; pero sí soy una persona con un cociente intelectual normal-superior, con mucho sentido común y con suficiente edad para haber vivido “en carne propia” la dictadura somocista y la sandinista, y para saborear la maltrecha democracia que, desde que triunfó la UNO en 1990, hemos logrado mantener. Este “bagaje” me lleva a formularme la siguiente pregunta: ¿Cuáles son las premisas que ha utilizado el Sr. Medina para cometer la osadía de comparar al Ing. Enrique Bolaños con el Sr. Daniel Ortega? ¿Dónde están los puntos de comparación? y que me corrijan, por favor, si estoy desinformada; pero, ¿es que acaso don Enrique ha violado a alguien? ¿Es que acaso los bienes que posee y la casa donde vive son frutos de la “recuperación” y no de una vida de trabajo? ¿Alguna vez ha vociferado y calumniado a sus compatriotas frente a enardecidas “masas”? ¿Es don Enrique un cínico, mentiroso y demagogo?

Sería muy acertado que el Sr. Medina comprenda que don Enrique, a pesar de ser una persona excepcional, no es “Superman”, y por ende no tiene el poder para que todos los miembros del partido al que pertenece hagan o dejen de hacer las cosas como él quiere. Suficientemente heroica es la actitud del Ing. Bolaños al asumir el deber histórico que implica darnos a los y las nicaragüenses honestos amantes de la libertad la oportunidad de sacar a Nicaragua, de una vez por todas, del fondo del despeñadero. La honradez y la austeridad; la moral y los valores; el amor por su patria y por sus compatriotas, y el sentido de justicia que caracterizan a don Enrique, no se pueden borrar, esconder ni desvirtuar con escribir unas cuantas líneas “en letra pequeña”, así sea en el mejor periódico del país.

Ojalá que el Sr. Medina sea más objetivo y profesional cuando haga sus “comparaciones”. No vaya a ser que tropiece con la misma piedra y en otra ocasión se le ocurra comparar a Mahatma Gandhi con Idi Amín Dada.

La autora es psicóloga   

Editorial
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