Marco A. [email protected]
Imagine estimable lector –o lectora– que tiene varios días de estar con hambre, está desempleado lo mismo que su cónyuge, no tienen cinco centavos, la cocina está apagada, el patio desolado por falta de agua y animales, las veinticuatro horas pasan escuchando el lamento de sus hijos e hijas pidiéndole algo de comer y beber, y, sobre todo, usted sabe que no tienen esperanzas de conseguir comida ni trabajo ni nada. O sea que su presente y su futuro inmediato están cerrados. No hay un haz de luz por ningún lado.
Sitúese un momento en este escenario, y pregúntese: ¿qué haría en esta situación? Piénselo y respóndase. Bien, ahora agréguele a su trágica situación el hecho de que cerca de usted ve gente que vive bien, fincas que tienen granos y animales, ventas, súperes y pulperías llenas de abarrotes y comestibles, casas, transeúntes, vehículos que llevan comida y de todo, en tanto los televisores y radios anuncian alimentos y bebidas agradables, mientras llega a sus oídos que hay personas que dicen que no hay hambre en el país En estas condiciones, vuélvase a preguntar: ¿cómo me sentiría? ¿qué haría en esta situación?
Cualquiera que sea su respuesta en esta circunstancia extrema, la sociedad nicaragüense no tiene autoridad moral para juzgarlo, ya que el ser humano, por noble y sano que sea, ante este cuadro es capaz de cualquier cosa. Es capaz de hacer lo que nunca pensó que haría. Una cosa es la mente de los que tenemos comodidad, y otra la de miles de personas que padecen hambre y miseria actualmente, y no se les termina de dar una salida de emergencia. Con el hambre no se juega.
La historia de la seguridad ciudadana a nivel mundial, lo mismo que la criminología atestigua que, una persona, por muy generosa y proba que sea, en esas condiciones está al borde de cometer cualquier acto contra la propiedad y/o las personas, con tal de saciar inmediatamente la desesperación por el hambre, los trastornos y el infierno personal y familiar que le aqueja. Su cabeza y mente están al estallar, se le cruzan los mil y un pensamientos dirigidos a solucionar su problema, efectúa balances de lo que entiende por bueno o malo, se pregunta por las consecuencias personales y familiares de su decisión, consulta a sus amigos y amigas, recurre a personas que son norte para su vida, piensa cómo otros tienen todo y no trabajan mucho o se la llevan fácil o si no roban. Igualmente, está presto a servir a cualquier delincuente ya sea narcotraficante, proxeneta, abigeo, traficante de armas, niños, maderas, etc. o de repente a seguir a quien le diga que la única alternativa es asaltar, matar, violar, hurtar, robar, etc. Asimismo, están dadas las condiciones para que haga estallar la violencia familiar en toda su dimensión.
¿Cuánta gente está con esos dilemas en estos días? ¿A qué decisión arribarán? Hay que dar respuesta al hambre antes de que sea tarde. Y no es para menos, pues ya no estamos hablando de extrema pobreza, sino de hambre en blanco y negro.