El Banco Nicaragüense (Banic) fue fundado en los años cincuenta por el Dr. Eduardo Montealegre Callejas. Junto con el Banco de América, el Banic fue uno de los dos principales bancos privados de Nicaragua, hasta que lo estatizó el gobierno sandinista en 1979. La eficiencia con la que había sido administrado anteriormente desapareció con la estatización, porque, como es sabido, el concepto de crédito bancario desapareció por completo, convirtiéndose la banca en un simple instrumento de transferencia de recursos sin mayores expectativas de recuperación.
El gobierno democrático establecido a principios de los noventa saneó la cartera del Banic, con lo cual mejoró temporalmente su estructura financiera, pero, habiendo quedado siempre bajo la propiedad y administración del Estado, no tardó en deteriorarse de nuevo. Finalmente, a principios de 1999, se privatizó el 51 por ciento de dicho banco, quedando el Estado como dueño del 49 por ciento. La participación estatal se redujo más tarde a un 32 por ciento como consecuencia de una inyección de capital adicional que hicieron los nuevos socios privados.
Los planes eran que el Estado, eventualmente, vendiera la totalidad de su participación accionaria. Sin embargo, una serie de factores lo impidieron, hasta que, al final, se llegó a su intervención y cierre por parte de la Superintendencia de Bancos, el fin de semana pasado, y a su inmediata absorción por el Banco de la Producción (Banpro).
Esta operación se llevó a cabo de forma ordenada, como sucedió meses atrás cuando el Banco Mercantil (Bamer) sufrió una suerte similar. Los clientes del Banic acudieron con prontitud, pero sin pánico, a sustituir sus libretas de cheques y de ahorro con la nueva documentación del Banpro. Fue muy interesante observar, además, la confianza de los cuentahabientes en el sistema bancario, quienes mayoritariamente manifestaron su disposición de conservar su dinero dentro del sistema.
Ahora bien: ¿cuánto le costará a los ciudadanos el cierre del Banic? No se sabe ni se sabrá durante un buen tiempo. ¿Cómo podría saberse, si a un año y un día de haber ocurrido la quiebra del Interbank todavía no se sabe a ciencia cierta lo que ese descalabro fraudulento le costó a la ciudadanía?
De acuerdo con el Superintendente de Bancos, Dr. Noel Sacasa, el principal impedimento que hubo para vender el Banic sin que hubiese pérdidas para la ciudadanía, fue la fuga de depósitos que sufrió inmediatamente después de que el Banco del Café fuera intervenido por la Superintendencia de Bancos, el 17 de noviembre del año pasado.
El Banic fue la institución financiera que más sufrió el retiro de depósitos, y a esa estampida contribuyeron las declaraciones irresponsables del ahora candidato a la Presidencia de la República por el FSLN, señor Daniel Ortega, quien, en una conferencia de prensa el lunes 20 de noviembre, dijo: “La situación altamente crítica ahora está en el Banic, por ejemplo. Ese banco pasa por una situación altamente explosiva, que si yo tuviera dinero ahí, definitivamente lo retiro”. Lo que dijo Ortega en esa oportunidad no era cierto, porque la nueva administración del banco había creado reservas de capital adecuadas para hacerle frente a la cartera morosa. Sin embargo, sus declaraciones provocaron pánico en los depositantes, quienes sólo ese mismo día, retiraron del Banic 4.8 millones de dólares más 10 millones de córdobas. Los retiros siguieron con fuerza en los días siguientes, hasta llegar a unos 800 millones de córdobas, lo que dejó al banco en una situación de iliquidez que desestimuló una nueva capitalización y minimizó la posibilidad de venderlo a un precio que no significara pérdidas para la ciudadanía.
No cabe duda, también, que la baja de precios internacionales del café ocurrida este año vino a complicar aún más la situación financiera del Banic; tampoco pueden ignorarse algunos préstamos cuantiosos que se dieron antes de la privatización en abierta violación de las normas prudenciales establecidas por la Superintendencia.
Esos préstamos deben ser investigados. El gobierno debe dar a conocer por fin el informe de auditoría que se hizo al Banic en 1999, por cuenta del Banco Mundial, y que se ha ocultado celosamente al parecer porque allí aparecen los nombres de los grandes morosos. Hay que determinar las responsabilidades correspondientes y castigar a los culpables.