Guerra fría y congelamiento político en Nicaragua

Flavio Rivera [email protected]

“Donde hay educación no hay distinción de clases” Confucio.

Como todos sabemos, el mundo ha estado divido en dos: la izquierda y la derecha, comunismo y democracia. Pero aquí no pretendo hablar de ideologías, ni de cuál es mejor o peor. Simplemente deseo plantear nuestro caso, Nicaragua, desde la óptica del sentido común.

Después de lo ocurrido con lo del muro de Berlín y el derrumbe del Partido Comunista en la Unión Soviética y los movimientos independentistas de varias de sus Repúblicas, como Estonia, Lituania y Letonia, Georgia, Mongolia y las que hacen falta; se ha terminado el financiamiento a todos aquellos movimientos guerrilleros de la América Latina. Y a la contraparte se le esfumó el negocio aquél de combatir al mono: el comunismo.

En Nicaragua se han dejado sentir esos cambios. Y los que antes enarbolaban las banderas revolucionarias, hoy son empresarios y se olvidaron de las necesidades del campesino y del obrero. Sus objetivos ya no son compartir el poder bajo la consigna del “poder popular”, ellos ya tienen organizadas a sus élites, ya piensan en función de obtener un número de diputados, ministerios o embajadas. Pero las mejores movidas han sido las colegiaciones del Consejo Supremo Electoral, la Contraloría y la Corte Suprema de Justicia.

La contraparte, los autollamados “liberales de cepa” (este no es invento francés, es netamente criollo), tuvieron que recurrir a su mejor especialidad: el pacto. En Nicaragua, hacer un “pacto” significa que los enemigos, los contendientes o los que estén pegados al pastel; deben realizarlo para que los dejen disfrutar del poder en paz, con tranquilidad, sin asonadas. La única condición es dejar que los zancudos se peguen a cualquier tubería por donde circule metal precioso o el papel verde tan deseado, el que trae la foto de un Gral. Grant, George Washington y un Thomas Jefferson. La foto es lo de menos, pero el color es muy importante: debe ser verde.

Tal pareciera que la guerra fría se quedará congelada en el color verde y los políticos se convirtieran en defensores del verde ecológico, pareciera que todos (de derechas e izquierdas) fueran fanáticos voluntarios de “Green Peace”. Pero no, no es así, desafortunadamente. Aunque todos ellos, diestros y zurdos, se vuelven ambidiestros y batean cualquier bola que les tiren. Hasta son capaces de inaugurarle una estatua al General de Hombres Libres: Augusto C. Sandino. Son blasfemos. Siempre y cuando sea para llegar al poder. Y pintar sus cuentas de verde.

Ya hemos visto cómo, los autodenominados demócratas, hacen trampas, juegan a la rayuela, a las inhibiciones, a las escondidas con los recursos financieros propios y ajenos, juegan a realizar actos de magia o ilusionistas al hacer desaparecer recursos sin que los donantes sepan en qué mano quedaron (si en la izquierda o en la derecha), juegan al circo al hacer malabarismos con las cuentas que tienen que entregar en Estocolmo.

Pero, no hemos hablado de guerra fría, simplemente de cómo se ha quedado congelada en Nicaragua y de la forma ingeniosa y truculenta con la que los malabaristas de la política criolla juegan y re-juegan con la guerra fría.

Mientras tanto, el pueblo nicaragüense se debate entre tortilla y tortilla, hasta para elegir en elecciones libres al próximo verdugo.

Miembro No.898 de ANIA.  

Editorial
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