León Núñez
Los analistas políticos de Acoyapa dicen que hay señales en el firmamento nacional que indican que no debe descartarse la posibilidad de un futuro triunfo electoral del Frente Sandinista; que se trata de una posibilidad real.
Afirman los analistas políticos acoyapinos que son muchas las señales que apuntan a la posibilidad indicada anteriormente, pero que basta con mencionar sólo cuatro de estas señales para darnos cuenta de que se trata de una posibilidad que realmente debe preocupar.
La primera señal observable a simple vista es la de que en el liberalismo no existe la misma fe y el mismo entusiasmo que existió en los meses anteriores a octubre de 1996; que en ese entonces ningún liberal puso en duda el triunfo del liberalismo. Como contraste, los sandinistas andaban de capa caída. En sus semblantes se adivinaba la falta de fe en el triunfo electoral y detrás de su lenguaje se ocultaba la derrota.
Ahora los sandinistas se comportan con la seguridad de los que están cerca, muy seguros, del poder. Dan la impresión contagiosa de que en ese juego de fuerzas entre dominantes y dominados, que filosóficamente implica el poder, el papel de ellos es el de hombres que ya mandan. Centenares de sandinistas que pertenecieron a la Dirección General de Seguridad del Estado transitan alegres, con la frente en alto y el talante altanero, por todos los rincones de nuestra geografía nacional.
Una segunda señal que llama la atención a los analistas políticos acoyapinos y que beneficia fundamentalmente al Frente Sandinista es la percepción que tiene mucha gente de que votar por el ingeniero Bolaños significa, implica, entraña votar por el doctor Alemán. Todavía no se ha visto que el equipo de campaña de don Enrique haya iniciado algún esfuerzo para desvirtuar esta percepción. Debemos recordar que sobre todo en política las percepciones a veces son más importantes que la realidad.
La tercera señal que destacan los analistas políticos de Acoyapa está constituida por el hecho de que el señor Daniel Ortega Saavedra, hasta la fecha, encabeza todas las encuestas. Es cierto que las encuestas no son infalibles, pero cuentan con un margen de certeza muy importante y con un respaldo científico y técnico nada desdeñable, amén de que puede impactar psicológicamente en la población electoral flotante la repetición constante del nombre que va punteando más alto en las encuestas. Estas repeticiones a veces terminan creando o impulsando corrientes de comportamiento indetenibles. Se trata de un proceso psicosocial algo parecido –permítaseme la comparación– al de aquellas mentiras que de tanto repetirse terminan convirtiéndose en verdades.
Y la cuarta mala señal que mis coterráneos analistas han estudiado, está conformada por la opinión de muchos nicaragüenses –opinión que tiende a generalizarse–, de que si ganara Daniel Ortega no se iba a “revivir” en Nicaragua lo pasado. Se habla de que habría una nueva, humana y democrática versión teatral de lo “vivido” en los años ochenta, versión que estaría acompañada de una nueva partitura. Esta señal es grave porque todo indeciso que finalizare aceptando esta opinión terminaría votando por el Frente Sandinista.
Los analistas políticos de Acoyapa discutieron ampliamente esta opinión y concluyeron en que se trataba de una opinión sobre la que recaían graves dudas, toda vez que los que están en el camerino, listos para entrar a escenificar esa nueva versión teatral de lo “vivido” en los años ochenta, son los mismos actores y los mismos tenores, asistidos incluso por los mismos apuntadores: Muammar El Gadafi y Fidel Castro.
Los analistas políticos acoyapinos estiman que las malas señales que se observan en el firmamento pueden ser superadas –todavía estamos a tiempo– por otras señales que permitan a los augures, como en la antigua Roma, predecir con acierto que el pueblo nicaragüense ni va a votar para “revivir” lo pasado ni va a votar para vivir esa nueva versión teatral de lo “vivido”.
* El autor es abogado y escritor.