Conferencia Científica

Esta semana se celebra (miércoles y jueves) en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-Managua, la Segunda Conferencia Científica Nacional. A decir verdad, en un ambiente tan oscurecido por la política, como el que hay ahora en Nicaragua, es como un punto luminoso que las universidades y sus docentes y estudiantes promuevan la investigación científica, así como también es esperanzador que otros sectores ciudadanos alienten el voluntariado y practiquen la caridad con el prójimo y la solidaridad con los desvalidos.

Según informó ayer LA PRENSA, la Segunda Conferencia Científica Nacional es promovida por 10 de las 11 universidades públicas que pertenecen al Consejo Nacional de Universidades (CNU), bajo el lema “Docencia e investigación: inversión para el desarrollo sostenible”. E impresiona saber que con una inversión de sólo 32 mil córdobas (un poco menos de 2,400 dólares) los docentes y estudiantes universitarios participantes en esta Conferencia se hayan esmerado en demostrar su talento y su disposición a colaborar con las autoridades gubernamentales y la empresa privada, en la solución de los problemas reales de Nicaragua.

Se sabe que institucionalmente existe una Comisión Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicit), que fue creada a principios de la Administración de Violeta B. de Chamorro pero prácticamente no funcionó durante todo el anterior período gubernamental. La Conicit fue reorganizada el año pasado por el actual gobierno pero hasta ahora no se conoce públicamente si funciona o no. Lo cual es sumamente lamentable porque la Conicit debería ser la promotora de la investigación científica y el desarrollo tecnológico, o al menos apoyar iniciativas como esta Conferencia Científica Nacional.

Pero precisamente por la falta apoyo gubernamental —el cual se debe, probablemente, a la falta de recursos presupuestarios—, resulta mucho más apreciable el esfuerzo que hace el sector universitario por desarrollar las investigaciones científicas, una actividad que es indispensable para ayudar al país a salir del atraso y la pobreza, y para avanzar hacia metas de desarrollo, expansión y progreso.

Está plenamente comprobado que los países que invierten suficientes recursos en la investigación científica son los que más desarrollan sus economías y crecen cultural y espiritualmente. Lo cual aplica no sólo para los países altamente desarrollados sino también para naciones de modesto desarrollo, como por ejemplo Costa Rica, que ha progresado mucho más que sus vecinos gracias entre otras cosas a su preocupación por desarrollar sus propios valores científicos y a la inversión de recursos económicos en la investigación científica y tecnológica.

Desde siempre el desarrollo económico, social y cultural ha ido de la mano con la investigación científica y la expansión tecnológica. Pero ahora que la globalización comercial está derribando todas las barreras fronterizas, invertir en la investigación científica y para el progreso técnico es mucho más apremiante que nunca antes.

Por supuesto que las naciones altamente desarrolladas dedican cuantiosos recursos a promover la investigación científica, como es el caso de los Estados Unidos de Norteamérica, que destina a este rubro casi el 2.5 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, por muy pobre que sea una nación su gobierno debe preocuparse por el desarrollo científico y tecnológico en la medida que lo permiten sus propias posibilidades.

¿Cuánto de su PIB destina Nicaragua a la investigación científica y el desarrollo tecnológico? No lo sabemos, pero seguramente es casi nada. Y por eso es más meritorio el esfuerzo de las universidades públicas, que a pesar de sus escasos recursos se preocupan por estimular el talento científico y el esfuerzo investigador de sus profesores y alumnos, quienes en eventos como esta Conferencia Científica ponen a disposición de la sociedad sus conocimientos e innovaciones, para por lo menos ayudar al cumplimiento de planes de salud popular y protección ambiental.

Finalmente hay que decir que la investigación científica no sólo sirve a los intereses económicos y materiales. El desarrollo técnico y científico es también una medida del fortalecimiento de la democracia, en el sentido de que las ciencias y la tecnología impulsan el progreso y el bienestar, con lo que se genera más capacidad de tolerancia que es la base de una genuina convivencia democrática.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí