Violencia, élites y desarrollo

Marco A. Valle*[email protected]

La violencia es un problema de salud pública que impacta negativamente en el estado de bienestar físico, mental y social de las personas, corroe las bases de la sociedad en particular de la familia, ahuyenta la inversión, desestabiliza el avance institucional, destruye las redes de solidaridad y obstaculiza el ejercicio de la ciudadanía. La violencia política forma parte de este universo.

¿Qué hemos sido? Un país violento. ¿Qué nos ha dejado la violencia? Uno de los últimos lugares en desarrollo humano en Latinoamérica y el enraizamiento de una cultura de violencia. ¿Cuáles son las causas de nuestra violencia? Son variadas y habría que analizarlas según tipología, hechos concretos y tiempo en que acaecen. ¿Cómo hemos tratado de contrarrestarla? Con violencia casi siempre. ¿Podemos cambiar nuestra historia de violencia? Sí, y no sólo eso, debemos cambiarla ya que es imprescindible para salir adelante.

Actualmente vivimos una espiral de diversos tipos de violencia y, si volteamos la mirada atrás contemplaremos un panorama más o menos igual en que la violencia política es uno de los ejes principales, llámese siglo XIX o XX. Mientras, allí nomás, la vecina Costa Rica, con todo y sus problemas, labra una historia diferente con resultados alentadores para sus nacionales, además de ser receptora histórica de buena parte de mano de obra nica.

De igual manera, tenemos un desafío: erradicar la cultura de violencia para salir de la pobreza, vencer el desempleo y la corrupción y lograr equidad en la distribución del ingreso. Aún con excelentes condiciones naturales y un buen potencial poblacional, la inversión –nerviosa por naturaleza– no ha tenido históricamente a Nicaragua dentro de sus prioridades, debido en gran parte a la inseguridad jurídica, psicológica, física, etc. La violencia como espejo de éxito de las élites nicaragüenses, lleva como resultado pobreza y desempleo de la mayoría de la gente, en tanto la institucionalidad y el estado de derecho en otros países conduce al éxito de las élites, mejor calidad de vida de los sectores sociales, estabilidad nacional y prestigio internacional.

Los factores asociados a la violencia son múltiples, más ahora subrayamos el ejemplo de las élites como elemento fundamental, ya sea el presidente de la República y sus cercanos, líderes de partidos políticos, cúpula de empresa privada, jerarcas de iglesias, diputados, sindicatos, dirigentes de organismos no gubernamentales, organizaciones sociales, etc. El país se mueve a su ritmo siendo éstas las garantes de erradicar la cultura de violencia e impulsar el desarrollo, y tanto es así que invitamos que se analice cualquier momento de Nicaragua, ya sea de tranquilidad o de violencia, y se notará el papel relevante de las élites.

Cambiemos la historia. La vida nos muestra que la violencia sólo deja saldos negativos. La campaña electoral es una oportunidad para el cambio. Transformémosla en campaña educativa por una cultura de diálogo y tolerancia, donde las élites PC, FSLN y PLC tienen la responsabilidad principal actuando con sentido de nación y desarrollo, independientemente si los resultados coinciden o no con sus expectativas de triunfo. Los medios de comunicación tienen un papel relevante que jugar, lo mismo que la comunidad internacional.

* El autor es consultor en seguridad pública.  

Editorial
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