La extracción

Quizá la nueva coyuntura venezolana nos ayude a entender un poco más cómo funciona el poder en nuestro recio presente, o nos arriesgamos a seguir sufriendo esta pesadilla como si fuera un inacabable y punzante dolor de muelas sin ninguna posibilidad de extracción.

Hay que superar el feudalismo opositor

Desarmar los feudos —con misiones, pactos de tarea y reconexión con la base real— es la condición para convertir la denuncia en resultados y la esperanza en un plan. Si organizamos el trabajo alrededor de objetivos específicos y medibles, la oposición volverá a hablarle al pueblo y, sobre todo, volverá a servirle.

¿Estamos  preparados para afrontar la transición?

El único grupo capaz de liberarnos de la dictadura es la coalición de fuerzas integradas en un solo bloque de ideales y voluntades. No seamos tercos. La historia nos lo recuerda, en el pasado resolvimos problema similar por medio de la UNO.

Las elecciones bajo el castrochavismo

La ciudadanía en general también padece el garrote de la clase dirigente. La población sufre la ineptitud de sus gobernantes y el deterioro de las condiciones generales de la comunidad, a lo que se suma una abusiva acción policial que disfruta de total impunidad, en particular cuando actúa con los sectores que le antagonizan.

El régimen teme a los suyos

El poder absoluto no cae siempre por rebelión popular. A veces cae porque sus propios cimientos se pudren por dentro. Y lo que hoy vemos en Nicaragua —esta purga frenética, esta vigilancia a los leales, esta furia contra el pasado— no es fortaleza. Es un síntoma. Es el comienzo del fin.

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