After abolishing elections, Nicaragua’s dictatorial ruling couple is moving to entrench its rule through renewable seven-year presidential terms, drawing fresh criticism from exiled opposition leaders
democracia
Venezuela: despejar el terreno e ir a elecciones
Las secuelas del terremoto han funcionado como una radiografía inocultable del deterioro, del envilecimiento de los poderes públicos
Expresidentes del Grupo IDEA denuncian deterioro democrático en Nicaragua y Venezuela
Expresidentes señalan que su pronunciamiento responde a la necesidad de defender «la dignidad de la persona humana, el Estado constitucional de Derecho, y la experiencia de la democracia allí donde se encuentran amenazadas».
Central America Must Condemn Nicaragua’s Dictatorship After Ortega Rejects Elections
As democracies condemn Daniel Ortega’s pledge to end elections in Nicaragua, the silence of El Salvador and Honduras stands out
El SICA puede y debe pronunciarse
El SICA debe condenar el anuncio de Daniel Ortega sobre el fin de las elecciones en Nicaragua, apoyando la democracia regional. Lee el análisis completo.
Perú: noveno país que critica a Daniel Ortega por su anuncio de abolir las elecciones
Gobernante saliente José María Balcázar mostró preocupación por declaraciones de Daniel Ortega. La OEA y alto funcionario de la ONU criticaron
EE. UU. acusa a dictadura Ortega Murillo de socavar principios del hemisferio y pide actuar a comunidad internacional
Secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, responde a anuncio de Ortega de abolir elecciones. «Demuestra su cobardía y su miedo», afirma
Julio, mes de revoluciones muy diferentes
Análisis de cuatro grandes revoluciones de julio: la americana, francesa, cubana y sandinista en Nicaragua. ¿Qué legado dejaron en la sociedad?
La gran mentira: mejor que Somoza cualquier cosa
Análisis de la dictadura en Nicaragua: una comparación entre la era de Somoza y el régimen de Daniel Ortega en economía, derechos humanos e instituciones.
Nicaragua Needs a Left Unhaunted by Ghosts From the Past
For those of us who lived through—or inherited—the wounds of the 1980s, watching the Sandinista left in exile speak today about democracy and human rights is deeply contradictory