El efecto Jarquín

El régimen orteguista utilizó al Consejo Supremo Electoral (CSE), su bulldozer favorito, como instrumento para aplastar los pocos vestigios de democracia que quedaban en el país. Agustín Jarquín es una nueva víctima de este maquiavélico proceso que en el fondo persigue el enraizamiento para sécula del sistema político más dictatorial que ha padecido Nicaragua desde su independencia.

Dos visiones de democracia en Nicaragua

Desde el 2008 el gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional ha tomado por la fuerza muchos de los cargos de elección popular, gracias al control que ejerce sobre el Consejo Supremo Electoral (CSE). Para sus dirigentes pareciera ser que es correcto, mientras la otra parte de la población tiene otra concepción del acceso al poder y del ejercicio.

Egipto: ¿Se renueva la democracia?

Los egipcios se lanzaron a las calles y plazas a protestar por las cuasi fundamentalistas medidas del presidente Mohamed Morsi y por su indisposición para ceder a las demandas de la oposición.

Medios fortalecen la democracia

Los últimos cinco años han marcado un reto para los medios de comunicación a nivel mundial, ya sea por la crisis económica, los monopolios mediáticos o por la censura de los gobiernos. Y en medio de ese mar de espinas hay un grupo de medios televisivos, radiales, impresos y digitales que apuestan por la veracidad, creatividad de formatos y pluralidad de fuentes para garantizar su supervivencia.

Violencia puede vaciar la democracia

El exvicepresidente de Costa Rica, Kevin Casas-Zamora, advirtió ayer de que la violencia en Latinoamérica puede llevar a la gente a aceptar el “sacrificio” de principios del Estado de Derecho que supongan vaciar de contenido el sistema democrático.

Sin colesterol no habrá democracia

Daniel Ortega hace lo que quiere mientras la oposición oficial marca tarjeta, se acomoda y cobra salario en la Asamblea Nacional, aunque bien pudieran quedarse en casa porque ni para hacer quórum son necesarios.

Alternativas democráticas al circo populista

Recientemente fui invitada a asistir como miembro de la Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia a su III Asamblea, celebrada en Tegucigalpa, Honduras. La Redlad es una organización que empezó apenas hace cinco años, y actualmente aglutina a más de 400 organizaciones y miembros a lo largo y ancho de América Latina y el Caribe. Algo que sorprende es cómo se ha logrado cohesionar tal variedad de ideologías, criterios, pensamientos, edades, colores, preferencias sexuales, etc. en este grupo, donde lo que impera es un sentimiento de fraternidad entre sus miembros, y la decisión de continuar luchando para que en todos los países que están representados en la Redlad se instaure la democracia plena. Y hablo de continuar luchando porque hasta ahora en muchos de los países de América Latina y el Caribe lo que existe son gobiernos dizque democráticos, pero que realmente son Estados fallidos, que jamás van a lograr sacar del subdesarrollo y la pobreza a sus países. ¿Por qué? Sencillo: porque en primer lugar, en segundo lugar y tercer lugar; no tienen el mínimo interés que la situación cambie. La pobreza, la desigualdad, la exclusión, la falta de salud y la pésima educación, no son rubros a mejorar, como lo dicen los “políticos” en sus discursos que rebalsan en demagogia; sino al contrario, son elementos que deben de mantener tal cual, porque son el sustento de sus gobiernos corruptos y déspotas. La ignorancia y la falta de oportunidades obligan a los pueblos a vivir de sueños y a conformarse con migajas para subsistir.

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