El papa afirmó que «el Evangelio no es una ideología, es un anuncio, un anuncio de alegría» y que «el Evangelio tiene el calor de la alegría
Cristianos
2 de octubre: una visión revolucionaria
“Dios nos llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en el laboratorio, en el quirófano, en el cuartel, en la tienda, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar…”
¿La palabra o la vida?
La credibilidad no se consigue con muchas palabras sino con el testimonio de la vida. La vida es la mejor palabra. Quien vive lo que dice, tiene fuerza moral para ser creíble.
Anunciando el Evangelio
Podemos decir con Cristo a la derecha del Padre, aquí estamos, Señor Jesús, juntos en tu búsqueda. Aquí estamos con el corazón en alas de libertad. Aquí estamos, Señor, juntos como amigos.
Cristianos auténticos
Mejor es padecer haciendo el bien que padecer haciendo el mal. Tanto el actuar bien como el actuar mal lleva un padecer. Sin embargo, el bien actuar conlleva la solidez humana mientras que el mal actuar conlleva la miseria humana.
¡Señor mío y Dios mío!
Renovemos nuestra fe en el Resucitado, sintiendo codo con codo a nuestros hermanos, escuchando con el corazón la palabra y hasta donde nos sea posible poder decir con Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!…
¿Aplastarán las tradiciones?
La libertad de profesar pública y privadamente la religión es uno de los derechos más sagrados. El papa Benedicto XVI la llamó «la más preciada de las libertades americanas».
No perdamos la esperanza
¡Cristo, nuestra esperanza, ha resucitado! Es la victoria del amor sobre el mal. No evita el sufrimiento y la muerte, pero los atraviesa abriendo un camino, transformando el mal en bien.
Teología antimperial en los relatos del nacimiento de Jesús
El nacimiento de Jesús representa el triunfo de Dios sobre el imperio del mal. Esto puede evocar para nosotros, hoy, un tiempo de salvación, esperanza, celebración, unidad, solidaridad, resistencia frente al mercado voraz, hospitalidad, inclusión, amistad, alegría y paz.
Otro cumpleaños sin el cumpleañero
Sin el Niño Dios la Navidad no tendría sentido, pues celebramos su nacimiento. Y pongamos un “nacimiento” o “pesebre”, aunque sea pequeño y sencillo, en un lugar destacado de nuestras casas.