Los relatos sobre el nacimiento de Jesús son de los más conocidos entre los cristianos, ya que forman parte del tiempo sagrado del calendario litúrgico. Estos nos cuentan sobre los comienzos de la vida de Jesús y están cargados de una profunda fuerza emocional que incide a nivel individual, colectivo y cultural, debido a que evocan en el imaginario social, esperanza en tiempos distópicos, y luz en tiempos de oscuridad. Un estudio sociohistórico de los mismos, puede mostrar, que estos, más allá de limitarse, a un significado personal, en su contexto, tenían un significado social, que alentaba a las personas, a una profunda transformación social, político y económica.
Desde luego que, profundizar en los diversos significados que pudieron tener estos relatos para sus primeros lectores, resulta fascinante, pero, es aún más importante, preguntarnos sobre el significado, que estos pueden tener para nosotros hoy. Sin embargo, se debe considerar que todo proceso de relectura o actualización del mensaje de estos relatos, requiere de una lectura informada del contexto socio histórico en que fueron escritos. En este sentido, los relatos de natividad de Jesús, en su contexto originario, sugieren que su significado estaba marcado por una oposición a la teología imperial romana, particularmente, al culto al emperador.
Los evangelios sinópticos conservan dos relatos sobre el nacimiento de Jesús. Uno de ellos está en el evangelio de Mateo (1-2) y el otro en evangelio de Lucas (1-2). Estos relatos tienen notables diferencias, aunque, desde una perspectiva estructuralista, podemos decir que se complementan. Los relatos provienen de dos diferentes redactores de la segunda generación de cristianos, los cuales, escribieron estos relatos alrededor de los años 80 y 90 de la era cristiana. Estos relatos de natividad, están inspirados en narrativas de la biblia hebrea en los que se narra el nacimiento de Sansón (jueces 13) y el de Samuel (1-3), pero también, en la propaganda de la teología imperial romana que exaltaba al emperador como salvador y anunciaba su nacimiento como buena noticia, como bien se atestigua en la inscripción del calendario de Priene.
Es importante, aclarar al lector moderno, que los evangelios fueron escritos, para responder a situaciones contextuales de las comunidades cristianas primitivas. En este sentido, debemos de considerar, que los escritores de los evangelios pensaban en ellas, cuando escribieron estos relatos. Por esta causa, un primer compromiso que tenemos, como lectores modernos, es estudiar y comprender el significado que estos relatos tenían en sus contextos originarios. Solo entendiendo su contexto, es posible hacer una relectura de los mismos, es decir, una actualización de sus significados de forma responsable para nuestro tiempo.
Teniendo en cuenta, lo anterior, podemos señalar, los siguientes aspectos. En el relato de Mateo, se destaca el papel del rey Herodes como el nuevo faraón. Jesús es representado como el nuevo Moisés. La matanza de los niños por Herodes, tiene como motivo, el miedo a perder el poder político. La crítica al poder, es el eje central de la teología anti imperial. El miedo que mueve a Herodes en el relato evangélico, es el mismo miedo que mueve al faraón en el libro del éxodo. La trama del relato de Mateo, se centra en este deseo de Herodes de matar al niñito Jesús, quien es el verdadero rey de Israel y será el verdadero salvador del mundo.
En Mateo (2,3), los grupos de poder que están en la corte de Herodes en Jerusalén, también tienen miedo, porque se turban, sin embargo, los sabios de oriente, visitantes de otros pueblos, se ponen al servicio de Jesús trayendo presentes, asumiendo con este gesto la realeza de Jesús y su proyecto de vida. Asimismo, este gesto de los sabios de oriente, es una muestra de su oposición al proyecto de muerte representado en Herodes. El encuentro de los sabios con Jesús es motivo de alegría, por lo tanto, Navidad también es alegría y vida abundante.
Hacer memoria del nacimiento de Jesús, implica, entonces, comprometernos con la construcción de otro mundo posible. Un mundo en el que no existan las diferencias y todos podamos ser acogidos hospitalariamente. En el relato del evangelio de Mateo, se puede apreciar al niñito Jesús, encarnando la realidad de las personas migrantes, sin embargo, el niñito Jesús pudo encontrar acogida en Egipto y Nazaret (Mateo 2:14). Por lo tanto, Navidad también es solidaridad y hospitalidad. En el relato de Lucas, Jesús no es acogido en el espacio de las elites, pero sí encuentra lugar, en un espacio humilde. La Navidad, entonces, nos invita a ser humildes, para acoger a Jesús en nuestras vidas.
El evangelio de Lucas destaca la presencia activa de las mujeres en la historia de la salvación, principalmente de María, la madre del Señor. Mateo, hace un énfasis en José, el papa adoptivo del niñito Jesús. Asimismo, Lucas integra en su narrativa, la participación de los sectores sociales marginados del tiempo de Jesús. Estos grupos se aglutinan en torno al anuncio del nacimiento de Jesús. De modo que, para estos grupos, representados en los pastores, este anuncio, implica inclusión y reconocimiento de su dignidad como hijos de Dios. Ambos relatos, como uno solo, unen a los diferentes sectores sociales, en torno al proyecto de paz en la tierra, que se anuncia en el nacimiento de Jesús. La paz de Jesús, es diferente a la paz del emperador, ya que esta última, se impone mediante la guerra y la violencia. En cambio, la paz de Jesús se instaura a través de la justicia.
Estos relatos de nacimiento deben ser categorizados dentro del género literario de parábola. Es necesario aclarar al lector religioso, que las verdades del cristianismo, no deben comprenderse en un sentido objetivista, menos aún desde la objetividad que ha predominado desde la ilustración con el paradigma de las ciencias cartesianas. Por eso, insisto en que es necesario entender estos relatos como parábolas. Las parábolas son una forma de discurso, lo mismo que la poesía, es una forma de hacer uso del lenguaje. Las parábolas subvierten el modo de ver la vida y a Dios. Lo esencial de una parábola es su significado, no su objetividad, la verdad simbólica, la cual, no depende de la objetividad, como se entiende en el sentido clásico de las ciencias. Las parábolas de Jesús están llenas de significado y de verdad simbólica, por lo que, en este sentido, son válidas y veraces.
Dentro de la teología imperial se afirmaba que el César, el emperador, era el hijo de Dios, señor y salvador del mundo, el que había traído la paz al mundo, un dios encarnado; quienes rendían culto al emperador, así lo consideraban, sin embargo, estos relatos de natividad, presentados en forma de parábolas por los evangelistas, nos cuenta sobre el nacimiento del verdadero hijo de Dios, salvador del mundo, señor de la historia y príncipe de paz.
Por otro lado, el césar, en tiempos de Jesús, era considerado el hijo de Apolo, dios de la luz y la razón, sin embargo, los evangelios nos presentan a Jesús como la luz del mundo. En este sentido, dos temas teológicos están presentes en estos relatos, el nacimiento de Jesús, representa el triunfo de Dios sobre la muerte y las tinieblas. El nacimiento de Jesús es buena noticia, porque conlleva, una dimensión festiva, sustentada en victoria de Dios sobre el imperio del mal.
Los relatos de natividad son presentados como el clímax de las promesas hechas por Dios, con respecto al retorno del Mesías que salvaría a Israel; Jesús es el nuevo Mesías, el nuevo Moisés que salvara al pueblo del imperio del mal. En este sentido, el nacimiento de Jesús es salvación. El nacimiento de Jesús es esperanza. La esperanza, no como una falsa ilusión sobre el futuro, sino más bien, como un motor que impulsa a las sociedades a caminar y transformar el presente. El evangelio de Lucas completa el cuadro con la mención del Espíritu Santo, que es una alusión al Dios que está presente en la historia humana.
En la tradición lucana, los pastores representan a los humildes y hambrientos que son exaltados por Dios. Los ricos y poderosos que no se suman al proyecto de vida anunciado por los ángeles, serán despedidos con las manos vacías (Lucas 1:53). Lucas hace un énfasis particular en el rol que deben jugar los ricos en las sociedades, sumándose a los proyectos de vida, siendo solidarios. El evangelio de Lucas, en su totalidad, critica a los ricos, debido a su deseo desmedido de acumulación y confianza en las riquezas. En una sociedad como la actual, en la que unos pocos tienen casi todo y una gran mayoría casi nada, el relato desemboca en una fuerte crítica a la falta de solidaridad, las prácticas de consumo desmedido y a la acumulación de riquezas a costas de los más pobres (Lucas 12:20-21). Navidad es, entonces, tiempo de solidaridad y de resistencia frente a las garras del mercado voraz que nos invita a consumir irracionalmente.
En síntesis, los relatos de natividad, en su sentido histórico, confrontan al reino de Dios con el reino de Roma. La paz de Roma llega mediante la guerra, la violencia y la dominación. La paz que se anuncia en el nacimiento de Jesús llega mediante la justicia, la solidaridad y la paz. El nacimiento de Jesús representa el triunfo de Dios sobre el imperio del mal. Esto puede evocar para nosotros, hoy, un tiempo de salvación, esperanza, celebración, unidad, solidaridad, resistencia frente al mercado voraz, hospitalidad, inclusión, amistad, alegría y paz. En otras palabras, como bien lo ha dicho Karl Rahner la Navidad significa que él ha venido, que él ha iluminado la noche, que ha acontecido algo que transformara nuestro mundo y nuestra vida.
El autor es máster en Teología.