Autorretrato

Ya no leo y apenas escribo.
Al respirar, mis pulmones silban
como llenos de carrizos;

Poesía nicaragüense

Jorge Eduardo Argüello Oda a las Grandes Nostalgias La foto de color Del dictador Somoza. El prendedor De perla Afianzando corbata Colgada en una pared De un edificio público. El sabio Debayle En escultura de bronce Con vista hacia El volcán Telica Sin ser ella La de un Rodin. Mi bisabuelo En un medallón También […]

Abstractos de Norlan

Una muestra del pintor Norlan Santana en Galería Códice el próximo 5 de agosto, a las siete de la noche

Los padres

Siempre me he preguntado, por qué hay día de las madres y día de los padres y por qué no existe el día de los hijos. La única respuesta que puede venir a mi mente, aparte de una muy fría que es el negocio que esto representa, es porque nosotros “los padres” no dejamos de celebrar la existencia de nuestros niños. Todos los días de nuestra vida, cada momento, cada segundo, en cada uno de los corazones de quienes tenemos la dicha de ser padres, están nuestros muchachos, cada uno de ellos en un lugar especial, con una actitud diferente, sin importarnos sus características físicas, ni su carácter, cada hijo con su “genética única” son el más preciado regalo que de las manos de Dios hemos recibido.

El Asedio

Cádiz, 1812. Una ciudad fascinante, liberal y culta, abierta al mundo, pero arrasada por la Guerra de lndependencia. La historia de varios personajes y una ciudad donde, a modo de piezas de ajedrez sobre un tablero peligroso.

San Antonio

Al doctor Germán Castillo, quien fue Ministro de Salud de Somoza García, le apodaban Herodes porque era pediatra. También en esa zona estaban los Cuevas, los Chicanos, las Castellón cuya casa daba a las dos calles y la esquina donde fue la Nicalit. El Dr. Jorge Icaza y más abajo vivieron los Ortega, cuyo papá don Daniel, fue cliente de mi publicidad, siendo siempre un hombre muy correcto y buena paga.

Héroes de factoría en una ciudad extraviada

Por una de esas crueles ironías del destino crucé nuevamente mi camino con una extraña señora, de ésas que cualquier persona en sano juicio querría a toda costa evitar el encontrarse con ella más de dos veces en su vida. No es que fuera una pesada, el asunto con ella es que después de escucharla por más de dos minutos una ya se siente desconectada de este mundo; recuerdo que la primera vez que nos cruzamos casi le supliqué que se marchara.

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