Por Raúl Orozco Polvo de estrellas Me esfuerzo por hacer duradero tu nombre que es mi nombre, mientras recuerdo que nos has muerto porque te recuerdo, bañando al niño que era yo y que tal vez sigo siendo; dando lustre con devoción a sus zapatos mínimos y blancos; diciéndome palabras que no comprendía del todo; […]
La devoción dariana
El académico, escritor y poeta Carlos Tünnermann Bernheim comenzó a leer las obras de Rubén Darío desde que era un adolescente. Antes de obtener su título de bachiller ya había leído las Obras Completas de Darío, gracias a que era un asiduo visitante de la Biblioteca Americana Nicaragüense Rubén Darío, de Managua, hoy desaparecida.
Tiempo presente
Es sobre esta vorágine de convulsiones sociales, atizada por el autoritarismo de la dictadura militar somocista, que el poeta se sumergió con alta responsabilidad y sentir social, desarrollando una pluma coherente con las coyunturas y el pensamiento político-social de la época; con los ideales de la libertad de prensa; y la conciencia del educador, porque fue maestro de literatura hasta sus últimos días; poeta y periodista comprometido con la ética de recio carácter.
Los padres
Siempre me he preguntado, por qué hay día de las madres y día de los padres y por qué no existe el día de los hijos. La única respuesta que puede venir a mi mente, aparte de una muy fría que es el negocio que esto representa, es porque nosotros “los padres” no dejamos de celebrar la existencia de nuestros niños. Todos los días de nuestra vida, cada momento, cada segundo, en cada uno de los corazones de quienes tenemos la dicha de ser padres, están nuestros muchachos, cada uno de ellos en un lugar especial, con una actitud diferente, sin importarnos sus características físicas, ni su carácter, cada hijo con su “genética única” son el más preciado regalo que de las manos de Dios hemos recibido.
El Asedio
Cádiz, 1812. Una ciudad fascinante, liberal y culta, abierta al mundo, pero arrasada por la Guerra de lndependencia. La historia de varios personajes y una ciudad donde, a modo de piezas de ajedrez sobre un tablero peligroso.
San Antonio
Al doctor Germán Castillo, quien fue Ministro de Salud de Somoza García, le apodaban Herodes porque era pediatra. También en esa zona estaban los Cuevas, los Chicanos, las Castellón cuya casa daba a las dos calles y la esquina donde fue la Nicalit. El Dr. Jorge Icaza y más abajo vivieron los Ortega, cuyo papá don Daniel, fue cliente de mi publicidad, siendo siempre un hombre muy correcto y buena paga.
Convneción del PLC
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Lino tinto y exquisito
Por esos tiempos se oían insondables voces.
Lucero Millán
Lucero Millán con su pensamiento y acción sintetiza tres décadas de aspiraciones, anhelos, sueños y esperanzas en materia teatral. En un universo en donde cada día hay menos espacio para la utopía, esta joven dama enjuta y aguerrida, con fuerte don de mando y rigor de disciplina, es una verdadera guardiana instruida para ganar cualquier batalla contra los demonios de toda raza y color y no sólo los exteriores, sino también los interiores a los que conjuró hasta convertirlos en materia de su propia producción artística.
El fin de Penike
Penike, el jefe de la pandilla, supo que Pájaro andaba queriendo comprar una sandía, y entonces le llevó una. ¿Cuándo se la llevó? En el preciso momento en que un auto negro pasaba cerca de él como ave de mal agüero. ¿Acaso Pájaro quería sandía para comer? No, era para dársela a la extranjera, de quien andaba enamorado. Y Penike miró cuando se la dio, y se puso a reír. Enseguida los miró ir juntos por una acera de la calle El Caimito, ella con la sandía metida en una mochila cargando en su espalda, y Pájaro a la par. Entonces se fue detrás de ellos, seguido a prudencial distancia por los demás pandilleros.