el maestro Bayardo Ortiz habla de los bailes tradicionales en las fiesta de Managua. LA PRENSA/ ARCHIVO.

Danzas agostinas

Un especialista en folclor recrea cómo eran los bailes tradicionales en las fiestas de Santo Domingo y éstos cómo han sido transformados

Arnulfo Agüero

“¿El cómo nace la fiesta danzaria y la procesión de Santo Domingo?” es una pregunta doble, de la cual Bayardo Ortiz, nuestro más experimentado folclorólogo de las expresiones culturales, teatrales y religiosas surgidas a mediados del siglo XVIII, sigue indagando para publicarlas; no obstante, parte de sus investigaciones de los bailes agostinos al Santo, ha decidido compartirlas.

La expresión danzaria de los managuas, que ha venido acompañando estas festividades desde su inicio, cuando era una fiesta de la cosecha, celebrada al dios indígena Xólotl.

Para Ortiz, el terremoto de 1931, que vino a derribar los cimientos de la vieja Managua, también vino a marcar “oficialmente” el nacimiento popular de un nuevo patrono de los capitalinos: Santo Domingo. Ya que antes el patrón celebrado oficialmente era Santiago, con procesión, bailes y desfile de caballería.

Según las investigaciones históricas de Ortiz, quien tiene como fuentes escritos del doctor Julián M. Guerrero, Santiago Fajardo, Alejandro Dávila Bolaños, Fernando Bendaña, Federico Kraudy Salgado, en Managua, antes que se impusiera Santiago, por el rey Fernando VII de España, y Domingo por la “fuerza popular”, las raíces danzarias provienen de los indígenas que habitaban las costas del lago y los altos de Las Sierritas.

Éstos rendían culto a Xólotl, el dios de la cosecha, los que recorrían este trayecto con sus danzas tribales, por lo que limpiaban el camino por donde iban a pasar, el que era decorado con arcos de frutas en señal de ofrenda. Luego se embarcaban hasta la Isla del Amor, disfrutando y compartiendo el recorrido al interior del Lago Xolotán.   

Los diablitos  es otro tipo de baile de promesantes.
LA PRENSA/ ARCHIVO.

En ese tiempo —según el historiador Julián M. Guerrero— las nativas hijas de los caciques lucían vestimenta de gala, el trapeado color cáñamo y una blusa de huipil; y las mujeres del pueblo andaban su trapeado, pero sus pechos andaban desnudos; y los hombres el coselete, que le cubría sus partes íntimas, y andaban con una camisola.  

El baile de la vaca

Al ir desapareciendo estas manifestaciones nativas por la conquista española y de la religión católica, el folclor danzario experimentaría por igual sus cambios, al ser sustituido el culto por Santiago, como el patrón de Managua, posteriormente por Domingo.

Así surgirían expresiones populares como El baile de la vaca , hoy en día realizado por Francisca Villalta. Al respecto, Ortiz señala que la mamá de ella también bailó la vaca, pero que éstas no son las primeras, pero sus orígenes son otros.

La primera vaca que sale al ruedo de la danza es realizada por hombres, es “el juego del toro”, ejecutado por chavalos de los barrios que imitaban el corrido de toros en la barrera y lo hacían alrededor de un poste de luz.

Sin ánimo de molestar —agrega Ortiz— la primera vaca era una “cochona”, que decía que quería jugar el toro, y los chavalos le decían “no, no, no, aquí no entran mujeres”.

Al final le dieron chance, aclarándole que “no, no sos toro, sino la vaca”. Es pues éste el origen de este baile popular, aunque los hombres siguen bailando su toro, hoy bautizado como El baile de la vaca .

Bayardo recuerda que la primera vaca “oficial” la sacó el maestro Jorge Espinosa, y tenía un anuncio “La Flota”; ésta llevaba su propio chichero, y manta alrededor; y era un hombre que la jugaba en el lugar conocido como El Caimito (donde fue el colegio Ramírez Goyena).

El baile de la Vaquita,   danza popular en Santo Domingo.
LA PRENSA/ ARCHIVO.

En este sitio se hacía la vieja fiesta de Santo Domingo —afirma—, sitio donde había cantina y billares. “Ésta era la periferia, donde se hacían las fiestas, y una cuadra arriba estaba la cantina El Infierno, y a la cuadra estaba la otra que se llamaba La Gloria”, recuerda con humor y entre risas.

En este sitio era donde se encontraban los Santos, Santiago, y Dominguito; y su papá Cristóbal Ortiz Cárdenas, quien era periodista de la revista Diriangén , le llamó en sus páginas El Encuentro de los Santos. Esto fue en 1942.

Bailantes y promesantes

Ahora bien esta fiesta atraía a los bailantes y a los bailantes-promesantes. Éstos bailaban en todo el recorrido realizando sus tradicionales vaivenes y brinquitos, pasos libres, o al son de los chicheros; venían con sus toallas para cubrirse del frío en las alboradas, y con sus sombreros, para protegerse del ardiente sol.

Esta danza se bautizó como El baile de los promesantes , que es el puro folclor, el popular, el callejero y espontáneo, hay que hacer notar que de aquí se derivan los otros bailes, señala.

Los primeros bailantes-promesantes que cargaban al Santo han desaparecido. Antes venían pagando su promesa y venían bailando el Santo “con sus cachimbazos adentro”. Ahora hay un Comité de Cargadores-bailantes, añade.

El baile del Tinco

Pero el primer baile, antes de la vaquita, y que es de protesta, es El baile de Tinco , esta danza-teatro tenía en su único acto la ridiculización de los españoles o de la rancia burguesía criolla. Los actores andaban descalzos, y con pantalones brincacharcos, simulando cobrar impuesto.

Y era musicalizado con el pito y el tambor; pero al perderse la partitura, Bayardo le puso una nueva música El toro furioso , logrando ponerlo en escena. Hoy esta danza, que miró por última vez en 1943, está perdida.  

El baile de los diablos

Otro de los bailes —continúa diciendo— fue el de los diablos, que tenía aquella letra “Nosotros somos los diablos que venimos de los infiernos, a llevarnos a…”. Al respecto recuerda que éstos nacen en Masaya de El baile de los diablitos (data de 1875); pero el promesante capitalino los ha cambiado.

El baile de los chinegros

Éstos en sus primeros inicios iban en el Barco de Santo Domingo, tildado de negros, con taparrabo rojo y con una lanza. Y se supone que representan a los africanos que venían como esclavos a estos territorios.

Ellos eran creyentes del Santo. Y de ahí con los años salieron los promesantes, entre ellos muchachos vándalos, pintándose de negro, ponerse un taparrabo e ir en la procesión bailando al ritmo del brincadito o de los chicheros.

Promesantes en el tradicional baile a santo domingo,  parte del folclorismo de las fiestas son los atuendos que éstos llevan en sus danzas. LA PRENSA/ ARCHIVO.

Porque los primeros bailantes tradicionales eran los “fiesteros”, éstos venían en carreta con sus “chicheros” (músicos), a celebrar esta actividad pagana y bochinchera.

Otros de los bailes que se sumaron en ocasiones, fueron El baile de las húngaras , que danzaban al son de las marimbas y las panderetas, y se presentaban vestidas con trajes floreados, chalecos, un sombrerito negro, y una pipa, este último instrumento se lo ha eliminado.

El baile del Macho Ratón y la Vieja

Ortiz afirma que estos bailes antes mencionados lo hacían en la procesión de Santiago, porque Domingo sólo venía con los promesantes, y el baile de la vaca. A éste se le vinieron a sumar en los años posteriores la escena danzaria y teatral de El Macho Ratón y la vieja .

La única escena era la historia, dice este folclorólogo, de “la vieja que vergueaba al Macho Ratón porque era servil con los patrones, porque no le llevaba los reales a su casa. Entonces lo vergueaba con un látigo”. 

De estas fiestas, y que muy pocos de los viejos managuas recordarán, es el Baile del viejo entaburetado ; y El baile de la sirena , éste tiene su copla. Estas incursiones danzarias pasaron inadvertidas y tampoco se conoce su origen. 

El baile de las inditas

Pero el baile de la belleza, gracia y juventud, es El baile de las inditas , que aún se sigue realizando. Recientemente, Ortiz, un rescatador de estas expresiones tradicionales, realizó el pasado 24 de agosto su Elección de la India Bonita de La Morita, el que tiene siete años de venirlo realizando, en la cancha deportiva de la Colonia Centroamérica, sitio histórico popular colindante con La Morita.

Este certamen busca, además de promover la belleza de la india popular, rescatar el vestuario y accesorios propios de esta manifestación danzaria, pero como se realizaba en la vieja Managua. Al respecto cuestionó la tergiversación de estos trajes por parte de grupos que llevan sus revistas o galas al escenario teatral.

El baile del zopilote

Muchos dicen que este baile no es de la capital, pero Ortiz asegura que es de Managua. “Es un baile de protesta que fue creado en los tiempos que se creó el Tinco, y que Julián M. Guerrero le decía “El baile del son chiche”.

Éste en su acto danzario viene a ser otro baile de ridiculización contra los españoles, se visten de negro, hacen la comedia crítica de cobrar impuestos, y bailan como el Tinco. Este acto de servilismo indígena fue satirizado con este baile.

En estas danzas patronales, también está un personaje popular, El Cacique Mayor; pero este vestido, como los pieles rojas de Norteamérica, nada tiene que ver con el primer indio nica, nos aclara Bayardo.

El primer señor que salía de indio a pagar su promesa y que lo entrevistó, iba vestido con un cuero de tigre salvaje, una plumita, y una lanza. Su historia: un tigre se lo quería comer, cuando andaba cazando cerca de las playas de La Boquita; fue cuando se hincó y le pidió al Santo que lo salvara, en ese mismo momento oyó un disparo y cayó el tigre. Unos cazadores andaban cerca. A partir de entonces, 1942, hizo su promesa hasta 1950, que nadie lo volvió a ver.

Estas ricas expresiones de la danza popular, imaginativa, fiestera, de protesta con humor, folclórica, ha ido desapareciendo. Hoy pervive —expresa este historiador— sólo en el desfile de los “caballistas millonarios”, y la “procesión de los pobres”; no como era al comienzo que todo iba junto, siguiendo a Santiago, luego a Domingo.

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En la procesión se pueden ver en las filas enteras de cuadras de gentes, pequeños grupos danzarios, donde van las vacas, el Cacique Mayor, algunos imitando a los “chinegros”, también van promesantes vestidos con ropa típica, y alguna que otra señora vestida a la usanza de la Managua vieja.

Sobre la preservación de estas expresiones danzarias del país, Bayardo señala que es la ciudad de Diriamba la que ha preservado los bailes de la procesión de San Sebastián.

En tanto ellos (los masayas) han venido perdiendo la autenticidad, el sabor del baile y belleza de sus trajes; pero que el caso de Managua es el más extremo, porque a pesar de ser la fiesta más grande del país, ésta ha venido perdiendo sus bailes y sus raíces.

Danzas agostinas llegan al Teatro Nacional

Todavía recuerda con nostalgia su gran puesta en escena folclórica de 1969, en una procesión de Santo Domingo. Entonces por primera vez logró reunir a quince grupos bailantes de las fiestas agostinas y del país, y éstos iban delante de la procesión; otra vez sus grupos bailantes se presentaron el 4 de agosto de ese año en la Plaza de la República, ante varios millares de personas. 

Y otra de sus presentaciones triunfantes más formales fue en el Teatro Nacional Rubén Darío, logrando hacer la primera gala de las fiestas folclóricas agostinas, junto a la primerísima bailarina folclórica Irene López. Esta revista danzaria, la primera en su género, fue bautizada como Las Fiestas de Santo Domingo .

“Fuimos los primeros, fuimos los primeros…”, recuerda lleno de orgullo este maestro e historiador de estas fiestas. Hoy la historia de estos bailes es otra, porque están desapareciendo, al ritmo de los nuevos gustos y cultura global.

La Prensa Literaria

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