El informe reconoce que en Nicaragua ha habido “una alteración del orden constitucional que afecta gravemente el orden democrático”
El informe reconoce que en Nicaragua ha habido “una alteración del orden constitucional que afecta gravemente el orden democrático”
La verdad es que la Iglesia católica no tiene ningún interés político, en el sentido partidista y de lucha por el poder. Como dicen y repiten los obispos, su intervención en la política es pastoral, evangélica y moral, en búsqueda de la paz fundada en la justicia, la libertad y el bien común.
En realidad se trata de un acto irracional de represión de un régimen que de esa manera revela que se siente acorralado, que ve fantasmas y enemigos por todas partes, que se considera derrotado política y moralmente. No lo reconoce, pero no lo puede ocultar.
Según expresó Daniel Ortega en la reunión de los cancilleres del Alba, después de lo ocurrido en Bolivia es válido volver a la guerra, a utilizar la lucha armada en vez de las elecciones para conquistar y mantener el poder en toda América Latina y el Caribe
Las mujeres en huelga de hambre permanecen en el templo católico de San Miguel Arcángel, en Masaya, que inmediatamente fue asediado por las fuerzas policiales represivas
Los líderes y operadores de la dictadura temen que la caída del autoritario presidente socialista boliviano se replique en Nicaragua
Como es conocido, la empresa privada independiente ha protestado por las políticas económicas del Gobierno, que causan la reducción de sus operaciones y el aumento del desempleo
Por definición, golpe de Estado es un “cambio violento de gobierno operado con violación de las normas constitucionales, cuyos actores son los propios gobernantes o sectores ligados a ellos”
Por supuesto que la renuncia forzada de Evo Morales no significa que la estrategia del Foro de Sao Paulo para la toma del poder, ha sido derrotada totalmente
Algunos de los sancionados tratan de salvar la cara y aseguran que no les afectan en nada las sanciones, que más bien se sienten orgullosos de ser sancionados por el “imperio”, como llaman en el argot orteguista a los EE. UU.