Lo que la Embajada de Rusia en Costa Rica omitió sobre su presencia en Nicaragua

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La Embajada de la Federación de Rusia en Costa Rica respondió a las declaraciones del canciller Manuel Tovar durante el 56.º período de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) con un comunicado que insiste en tres ideas. Afirma que la cooperación ruso-nicaragüense tiene un carácter humanitario, educativo y de capacitación; recuerda que la presencia de personal ruso se desarrolla al amparo de acuerdos bilaterales y conforme al derecho internacional, y sostiene que esa cooperación no está dirigida contra ningún tercer Estado.

Ninguna de esas afirmaciones explica el verdadero alcance de la relación entre Moscú y Managua.

La preocupación expresada por Costa Rica no gira alrededor de la legalidad de los acuerdos entre dos Estados soberanos. El debate se centra en el propósito estratégico que ha adquirido esa relación y en las implicaciones que tiene para Centroamérica.

Una alianza que responde a intereses estratégicos

Los Estados no mantienen una cooperación militar, tecnológica, policial y diplomática durante años únicamente para intercambiar experiencias. Las grandes potencias invierten recursos allí donde identifican intereses estratégicos, y Nicaragua ocupa hoy ese lugar dentro de la política exterior del Kremlin.

Desde antes de la invasión a Ucrania, Moscú había encontrado en Managua un aliado confiable para ampliar su presencia en América Latina. Después de 2022, esa relación adquirió un valor todavía mayor. Mientras gran parte de la comunidad internacional condenaba la agresión rusa, el régimen de Daniel Ortega respaldó de manera consistente las posiciones del Kremlin en Naciones Unidas y otros organismos multilaterales.

La relación responde a un intercambio de intereses. Rusia obtiene un aliado que ayuda a reducir su aislamiento diplomático y proyecta influencia en una región históricamente relevante para Estados Unidos. Ortega, por su parte, encuentra un respaldo político que amortigua su propio aislamiento internacional y fortalece una alianza con una potencia que no condiciona la cooperación al respeto de la democracia, la transparencia o los derechos humanos.

Ese contexto, fundamental para entender la relación bilateral, está completamente ausente en el comunicado de la Embajada.

La cooperación trasciende la asistencia humanitaria

El comunicado presenta la presencia rusa como un conjunto de programas de capacitación, intercambio de experiencias y asistencia humanitaria. Esas actividades existen, pero no describen la verdadera dimensión de la cooperación.

Durante los últimos años, los vínculos entre Moscú y Managua se han extendido al ámbito militar, policial, tecnológico y de ciberseguridad. También incluyen proyectos de infraestructura estratégica, como la estación del sistema satelital GLONASS, y mecanismos permanentes de cooperación entre instituciones de seguridad de ambos gobiernos.

Analizados de forma aislada, estos proyectos pueden parecer iniciativas técnicas. Observados en conjunto reflejan una asociación estratégica de largo plazo.

El contexto interno de Nicaragua hace aún más relevante esa cooperación. Desde 2018, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha encarcelado opositores, eliminado la competencia política, cerrado medios de comunicación independientes, confiscado universidades, expulsado organizaciones internacionales y restringido severamente las libertades civiles. En un entorno de esa naturaleza, fortalecer las capacidades del aparato estatal también significa fortalecer instituciones utilizadas para controlar y reprimir a la sociedad.

La dimensión informativa constituye otro aspecto que el comunicado omite. Desde Expediente Abierto hemos documentado cómo Rusia utiliza medios estatales, plataformas digitales y acuerdos de cooperación comunicacional para difundir narrativas favorables al Kremlin, desacreditar a las democracias occidentales y fortalecer gobiernos políticamente afines. Nicaragua forma parte de ese ecosistema mediante la reproducción de contenidos de medios oficiales rusos y la convergencia discursiva entre ambos gobiernos.

No se trata únicamente de propaganda. Se trata de consolidar un modelo político donde la concentración del poder y el debilitamiento de los contrapesos institucionales aparecen como formas legítimas de gobierno.

Una preocupación legítima para la región

La Embajada rusa sostiene que sus relaciones con Nicaragua no están dirigidas contra terceros países. Sin embargo, la competencia entre las grandes potencias ya no se expresa únicamente mediante bases militares o despliegues de tropas. También se desarrolla mediante influencia política, cooperación tecnológica, inteligencia, ciberseguridad, infraestructura crítica, comunicación estratégica y alianzas diplomáticas.

Precisamente en todos esos ámbitos se ha profundizado la relación entre Moscú y Managua.

Los estudios sobre la estrategia rusa en Centroamérica muestran que uno de los principales objetivos del Kremlin consiste en consolidar gobiernos políticamente afines, ampliar la difusión de narrativas antioccidentales y mantener espacios de influencia fuera de Eurasia. Nicaragua desempeña un papel central dentro de esa estrategia. Al mismo tiempo, el régimen de Ortega utiliza esa alianza para reducir su aislamiento internacional, obtener respaldo diplomático y fortalecer un modelo autoritario que encuentra cada vez menos legitimidad entre las democracias del mundo.

Por esa razón, la preocupación expresada por Costa Rica durante la Asamblea General de la OEA no constituye una reacción exagerada. Responde a una lectura estratégica de una realidad que trasciende los comunicados diplomáticos.

La propia Embajada rusa invita a basar el debate en hechos comprobados. Precisamente esos hechos muestran que la relación entre Moscú y Managua va mucho más allá de la cooperación humanitaria. Rusia ha convertido a Nicaragua en su principal plataforma de influencia política en Centroamérica y el régimen de Daniel Ortega ha encontrado en el Kremlin un aliado indispensable para sostener su proyecto autoritario. Esa dimensión estratégica es la que el comunicado decidió dejar fuera y la que explica por qué la presencia rusa en Nicaragua genera una creciente preocupación regional.

El autor es fundador y director de Expediente Abierto, centro de investigación enfocado en Centroamérica dedicado al análisis de cuestiones estratégicas, de seguridad, asuntos internacionales y de defensa.

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